El peligro de una sola historia

Trabajar en televisión es muy divertido.  Es adictivo.  Lo hice por cuatro años y recuerdo muy pocas mañanas en las que dijera, como Mecano, “hoy no me quiero levantar”.  Sí, hay mucho desvelón.  Sí, hay gente muy enfadada con la vida.  Sí, los egos se expanden cual mancha de petróleo sobre el Golfo de México.  Pero es una industria llena de gente creativa y alivianada, que está dispuesta a tomar al toro por los cuernos porque sabe que su trabajo es trabajo, al fin y al cabo, pero es una bendición donde tiene oportunidad de divertirse explotando sus talentos.  Saludos a todos mis amigos de TV Azteca.  Lo disfruté y aprendí muchas cosas.  Entre ellas, el poder de los medios masivos de comunicación y la responsabilidad que conllevan.


Corte a:  llevo casi tres años viviendo en medio de una comunidad católica muy fuerte en Atlanta.  Como muchos de ustedes habrán constatado alguna vez, el catolicismo americano es muy distinto del mexicano.  Somos la misma Iglesia, sí.  Pero el católico americano ha aprendido a defender su fe delante de una mayoría no católica.  Es una comunidad que trata de ser fiel en las cosas más pequeñas, que tiene vida de parroquia.  Cuando veo como eso nos falta en México, a veces siento que en mi país somos una mayoría cómoda y eso a veces nos perjudica.  No estamos atentos a una cultura donde los medios de comunicación nos van vendiendo ideas que vamos comprando sin darnos cuenta.   Por ejemplo, cuando yo tenía como 7 años, cuando las televisiones blanco y negro con canales de matraca tenían presencia todavía en los hogares, cuando el tío Gamboín y Rogelio Moheno todavía presentaban las caricaturas, cuando el Naranjito de España 82 todavía esperaría dos años antes de salir a escena, etc, etc.  Recuerdo un día que salimos de día de campo con otra familia.  No cabíamos en un auto y tuvimos que sacar un segundo y un tercero.  Entonces entoné un jingle de una campaña del gobierno cuyo significado era para mí inocente y pragmático:  “la familia pequeña vive mejor”.  Los adultos se rieron, y a la fecha me lo siguen recordando cada dos o tres navidades.

Pero si nos damos una barnizada de economía y otra de teología, nos damos cuenta luego de unos pocos años (porque he de reconocer que tampoco estoy tan viejo) que esta “altruista” campaña lleva intereses económicos externos a nuestro país y con consecuencias negativas a largo plazo.  Caigo en la cuenta que nuestra codiciada tasa de crecimiento poblacional de 2.4 hijos por pareja, está peligrosamente tendiendo al 1.3 promedio de Europa, donde ya es imposible reemplazar la población económicamente activa sin recurrir al sacrificio cultural.  Nunca pensamos que para sustituir a dos padres, se necesitan al menos dos hijos… porque eso nunca lo dice la tele.  Por eso hoy en día las catedrales en Holanda, España y Francia son museos, mezquitas y discotecas.  Por eso organizaciones abortistas norteamericanas como Planned Parenthood han promovido la inversión de dinero gubernamental en programas de esterilización y aborto en México y América Latina.  Por eso hay mujeres indígenas en nuestro país que no tienen agua, luz o dentista pero sí clínicas de “salud reproductiva” donde les implantan dispositivos intrauterinos que las mandan a la sala de emergencias (me consta, nadie me contó).  La familia pequeña no vive mejor cuando tiene que pagar impuestos de hasta 50 y 60% para cubir los gastos de una población envejecida y económicamente inactiva, como sucede en los países nórdicos.  Tal vez si nuestra tasa de crecimiento poblacional en México no fuera descendiente, nuestros impuestos no serían ascendentes. Pero eso tampoco lo dice la tele.  Lo que sí dirá tal vez, es que la población envejecida sale muy cara. Así que mejor no entramos en esa discusión porque el materialismo y la ignorancia son primos del egoísmo y la eutanasia.

Y así gira la espiral. Es muy fácil quedar atrapados en el redil de una sola historia, como borreguitos:  escuchamos una cosa.  Una sola cosa.  Una y otra vez… hasta que la hacemos verdad en nuestra escala de valores.  Chimanda Adichie ilustra esto de manera muy interesante en el video que les anexo.  Me lo recomendó un buen amigo y estoy seguro será de su agrado.  Pueden escoger subtítulos en español, coreano, esloveno o el idioma que prefieran entre 20. Muchos sabemos poco sobre África de este lado del charco.  Es interesante como Chimamanda admite lo mismo cuando habla de los Mexicanos y de su visita a Guadalajara.

“Si decimos una mentira durante el tiempo suficiente, con la fuerza suficiente y con la frecuencia suficiente, la gente se la cree”.  Hitler conocía este principio muy bien; por eso lo describió en “Mi Lucha” y por eso lo utilizó hasta el cansancio.  Luego Goebbles se lo fusiló para despreciar lo que llamó “propaganda británica” y a su vez el gobierno americano salió a la revancha para describir el perfil psicológico de Hitler. Luego alguien que escribiría los libros de historia en México nos resumirá la guerra cristera en dos renglones como un levantamiento de dos o tres rebeldes católicos por ahí. Como dice Chimamanda, “el poder no es sólo la habilidad de escribir la historia, sino de hacerla verdad única”.

Hasta la próxima semana. Pax Christi.

Acerca de Enrique Samson

Publicista, colaborador RC, comunicador por gracia de Dios, orgullosamente ex-a-Tec, y cargando la cruz del noviazgo a larga distancia con un ángel que responde al nombre de Caitlin.
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