Sin seglares no hay iglesia

Les comparto esta reflexión de hace unos días, es comprometedora…

Escrito a finales de mayo por Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos.

¿Qué sería un pueblo sin habitantes, un ejército sin soldados o un rebaño sin ovejas? Pues eso sería una parroquia, una diócesis y toda la Iglesia si hubiera sólo sacerdotes y obispos. Sin seglares no hay Iglesia. Sólo con ellos, tampoco. Jesucristo ha querido que haya pastores y fieles, jerarquía y laicado. Gracias a Dios, se va abriendo paso una concepción de Iglesia en la que, además de los pastores, hay también cristianos de a pie que tienen la misma dignidad, los mismos medios y el mismo destino. En ello han influido notablemente, por una parte, el Concilio Vaticano II y, por otra, ciertos carismas que el Espíritu ha hecho aparecer antes y después del Concilio. Quien conoce algo de la historia del gran documento conciliar, la Constitución dogmática sobre la Iglesia, sabe muy bien que en el aula conciliar entró un esquema que respondía a una concepción eminentemente jerárquica. Simplificando un poco las cosas, según esa concepción, la Iglesia eran los obispos y el Papa. Hasta tal punto que la jerarquía estaba contemplada antes que el Pueblo de Dios. Lo cual motivó alguna sonrisa intelectual, un tanto pícara, de quienes se preguntaban si los obispos estaban fuera o dentro de ese Pueblo. Luego, las cosas cambiaron muy para bien, y el documento que los Padres Conciliares aprobaron no podía ser más claro ni tajante: lo primero es el Pueblo de Dios, al cual se entra a formar parte no por el sacramento del Orden –que reciben los obispos y los sacerdotes- sino por el Bautismo. Luego vendrían otros documentos, como el de los Laicos y el de la Iglesia en mundo actual, los cuales explicitaron y concretaron la naturaleza, misión y apostolado de los seglares. Una de las muchas consecuencias de esto es que los obispos y presbíteros no son más Iglesia que los demás bautizados ni tienen mayor dignidad que ellos. Otra, también capital, es que los simples bautizados están llamados al mismo grado de santidad que los obispos y presbíteros, sin más diferencia que la de conseguirla en lo que es su ámbito propio y específico. Y una tercera, igualmente trascendental, sobre la necesidad de vivir una existencia auténticamente cristiana si se quiere ordenar el mundo según el plan de Dios. Desafortunadamente, esta rica concepción conciliar del laicado no acaba de entrar en la vida de cada día. Por ejemplo, muchos seglares siguen pensando que los obispos y presbíteros se encuentran en la situación óptima para ser santos de verdad, mientras que ellos deben contentarse con una vida cristiana de segunda división. A la inversa, no faltan miembros de la jerarquía que piensan que los seglares no tienen suficiente con su bautismo para anunciar el evangelio, participar en la liturgia y responsabilizarse en la actividad apostólica, ni siquiera en su trabajo profesional. Incluso se piensa, a veces, por parte de unos y otros, que el mejor apostolado de los seglares es el de colaborar en las tareas eclesiásticas y jerárquicas. Ciertamente, ahí también pueden actuar. Pero su campo principal es la fábrica, el campo, el taller, el quirófano, la cátedra universitaria, el parlamento, el ayuntamiento, la junta de barrio y de vecinos, la economía, la cultura y ese largo etcétera de las tareas seculares o terrenas. Hoy día son campos de especial importancia el intelectual, los medios de comunicación y la política. Es absolutamente imprescindible y urgente, que los seglares actúen en ellos con competencia, plena responsabilidad y absoluta libertad. Sin más frontera que la fe y la moral. El mundo y la Iglesia se juegan demasiado en ellos y no pueden ausentarse los seglares por comodidad, por falta de competencia o por falta de formación. Justo es reconocer que hoy esos campos siguen estando bastante desiertos de seglares bien formados, responsables y generosos. Hoy, día del Apostolado Seglar, es una oportunidad de oro para que pastores y fieles impulsemos la presencia de los seglares en la vida de la Iglesia y del mundo.

Entre tanta enseñanza de Mons. Francisco Gil, podemos decir certeramente:

Sin seglares comprometidos, no hay Iglesia comprometida.

Osvaldo Moreno

Acerca de Osvaldo Moreno

Desde 1998 trabajo formalmente para la Iglesia. Considero un privilegio ejercer en un mismo trabajo mi profesión de comunicador y el llamado a la evangelización de todo bautizado. Desde niño mis padres me enseñaron a colaborar con la parroquia, a estar cerca de los sacerdotes. Ahora de casado y como miembro del Regnum Christi estoy seguro de que el trabajo y la unidad de los movimientos de laicos es una riqueza que puede contribuir de manera muy importante a la reconstrucción de una sociedad más justa y libre.
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2 respuestas a Sin seglares no hay iglesia

  1. Paulina Nuñez @entreotrasideas Paulina dijo:

    Muy buena reflexión… y es correcto apostillarle que “muy comprometedora”. Pero yendo un poquito más allá diría que MUY APASIONANTE. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y si a mi esta verdad del Evangelio me ha seducido positivamente, me ha cautivado… ¿porqué habría de quedarme en segunda fila a la hora de cuidarla, defenderla, compartirla con el mayor número de personas y lo antes posible?

    Sería muy buen inicio, dándole al tema por el lado más práctico, por ejemplo poner “de moda” el dar felicitaciones el día del aniversario del bautismo, ese día entré a formar parte de este tesoro que es la Iglesia… ¿y si nos lanzamos por lo pronto dentro de nuestras familias y secciones? Un saludos y mis oraciones.

  2. Osvaldo Moreno Osvaldo Moreno dijo:

    Paulina, me sumo a tu iniciativa.

    Reconozco que en ocasiones hasta ocultamos manifestar nuestro credo; por ejemplo cuando pasamos frente a una Iglesia ¿porqué no saludar con un signo al amigo Jesús del Sagrario?, ¿es que no creemos que en verdad ahí esta vivo?; si comemos con amigos o clientes, ¿porqué no bendecir los alimentos?, cuando se cuenta algún chiste de Cristo o la Virgen María que en serio llegan a ser blasfemos ¿porque nos da pena callar a la persona o manifestar nuestra molestia?.

    Si bien es cierto que la fe no se demuestra sólo con la religiosidad y signos externos, si pueden ser un indicador o factor que nos comprometa a ser más coherentes.

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