¿Y quién dice que las consagradas no son consagradas?

Hace poco escuché una pregunta muy interesante, en relación a los (y las) consagrados(as) del Movimiento Regnum Christi: ¿Cuál es el estatuto jurídico en la Iglesia de los consagrados del Regnum Christi? La pregunta no surgió gratis, más bien su génesis está enmarcada en la polémica generada no hace mucho sobre las así catalogadas “esclavas de Maciel”. Este fue el título de un artículo que se propagó muy rápido en diversos blogs y medios informativos. Más allá del morbo del momento, algunos se quedaron con una duda de fondo, como cuando uno se corta la piel con un objeto punzocortante (accidentalmente, claro…) y la herida queda, y hay que sanarla y lleva tiempo cicatrizarla. Antes de eso, ¿quién cuestionaba a los y las consagrados(as)?

Para explicar este asunto debemos referirnos forzosamente a la ley eclesiástica (no a la ley civil porque hasta donde yo sé, el estado no legisla sobre la consagración a Dios).

El Código de Derecho Canónico se explica así al referirse a las “Asociaciones de fieles”:

  • 298 § 1.    Existen en la Iglesia asociaciones distintas de los institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, en las que los fieles, clérigos o laicos, o clérigos junto con laicos, trabajando unidos, buscan fomentar una vida más perfecta, promover el culto público, o la doctrina cristiana, o realizar otras actividades de apostolado, a saber, iniciativas para la evangelización, el ejercicio de obras de piedad o de caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal.
  • 303    Se llaman órdenes terceras, o con otro nombre adecuado, aquellas asociaciones cuyos miembros, viviendo en el mundo y participando del espíritu de un instituto religioso, se dedican al apostolado y buscan la perfección cristiana bajo la alta dirección de ese instituto.

Y al referirse a la vida consagrada:

  • 573 § 1.    La vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, para que entregados por un nuevo y peculiar título a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo, consigan la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncien la gloria celestial.
  • § 2.    Adoptan con libertad esta forma de vida en institutos de vida consagrada canónicamente erigidos por la autoridad competente de la Iglesia aquellos fieles que, mediante votos u otros vínculos sagrados, según las leyes propias de los institutos, profesan los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, y, por la caridad a la que éstos conducen, se unen de modo especial a la Iglesia y a su misterio.

El estilo de vida de los(las) consagrados(as) del Regnum Christi se encuentra fundamentado en estos números del Código de Derecho Canónico. Además cuentan con unos estatutos propios que fueron aprobados por la autoridad máxima de la Iglesia el 26 de noviembre de 2004 (puedes mirar aquí el documento de aprobación).

Ahora bien, en estos mismos estatutos, se explica también la naturaleza de la vida consagrada en el Regnum Christi (a quienes también llaman miembros del “tercer grado”):

  • 83 § 1. Los miembros de tercer grado son aquellos hombres o mujeres célibes que ofrecen sus vidas a Dios en el seguimiento de Cristo, de manera libre y total, por la práctica de los ideales evangélicos de castidad, pobreza y obediencia; dedican todas sus fuerzas y tiempo al servicio de la Iglesia según el carisma propio y viven ordinariamente en equipo.
  • § 2. Quienes son llamados al tercer grado abrazan este género de vida en virtud de un compromiso personal con Dios y con el Movimiento que, hundiendo sus raíces en el bautismo, les ayuda más eficazmente en la consecución de la propia santificación y en el ejercicio del apostolado.

Así pues, al referirnos a los consagrados del Regnum Christi hablamos de un grupo de entre los miembros del Movimiento que ofrecen toda su vida a Dios por un compromiso personal y, según sus estatutos aprobados por la Iglesia, establecen con Él un vínculo sagrado y viven según los ideales evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) en un movimiento de apostolado que está inseparablemente unido a la congregación de los Legionarios de Cristo. En síntesis, estamos ante una forma legítima y aprobada de vivir la consagración a Dios en la Iglesia católica.

Por ello, sin temor alguno a equivocarme, puedo afirmar que de “esclavas de Maciel” no tienen nada…

Acerca de Juan Carlos Arceo

Durante varios años fui religioso legionario de Cristo. Hoy estoy felizmente casado con Trish Bailey y trabajo como editor de las páginas web de la Legión de Cristo y del Regnum Christi. Soy egresado del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de Roma, con licenciatura en filosofía.
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Una respuesta a ¿Y quién dice que las consagradas no son consagradas?

  1. ana luisa aguirre de aldana dijo:

    En referencia al estado canónico de la vida consagrada, considero que no hay ninguna duda, sin embargo considero que el problema puede ser teológico, ya que tanto en la consagracipón total a Dios en forma directa se efectúan votos permanentes, para toda la vida, donde las personas han sido llamadas a este servicio y no hay manera de revertirlo, el compromiso y la donación es total. Así mismo el matrimonio, que es el otro estado de vida del cristiano, también las personas se consagran el uno al otro por medio de sus votos para siempre y así dan el servicio a Dios dentro de ese estado, y también son para siempre. En la Consagración en el RC creo que el problema es que no se hacen votos permanentes o definitivos y por eso no entran dentro de los estados de vida del cristiano. Pudiera ser importante que fueran como un instituto secular donde sí se hacen votos permanentes y su consagración sería entonces más real, total, y para siempre y así vivirían para siempre dentro de su estado de vida de consagración como los religiosos pero dentro del mundo, ya que en esta época es muy importrante su testimonio dentro de los ámbitos seculares. Atte: Ana L. Aguirre.

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