Reingeniería social anticristiana

Primero una disculpa por espaciar mis aportaciones… espero que alguien lo haya notado. Causas ajenas a mi deseo. Son varios los comentarios que se han quedado en el tintero: «¿Coquetona o descarada?»,  «Pobres, porque no gastamos sin ton ni son», «Tu Iglesia es la culpable de los zetas por no permitir el aborto»; no obstante «Reingeniería social anticristiana», subtítulo en la noticia sobre el nombramiento de la ex presidenta de Chile, M. Bachelet para presidir la entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y Empoderamiento de la Mujer (UN WOMEN) en el boletín de Religión en libertad.com, ganó la selección.

No es extraño escuchar o leer que los católicos somos unos exagerados, alarmistas y fantasiosos por denunciar que hay una campaña bien planeada y financiada contra los valores cristianos… La creación de esta entidad es un hecho que muestra los medios que se utilizan en esta reingeniería.

Para actualizarnos sobre el tema Zenit.org nos regaló esta semana. (ZS10091312 al ZS10091315) una entrevista sobre Teoría de género y cuestiones sociales con Mons. Tony Anatrella, psicoanalista y especialista en psiquiatría social. Repaso sólo algunos puntos de la entrevista y les comparto el video «La formación, un apostolado», ¿para qué?

¿Podemos intercambiar ideas sobre éste u otros temas similares con otra persona de tal manera que luego, en esa estructura de ideas, la persona se encuentre con Dios? No es cuestión de talento ni de ciencia sino de la disposición que tengamos para aceptar a Dios en nuestra vida y buscar darlo a conocer a los demás, potenciando al máximo lo que Dios nos ha dado y nos ofrece por medio del Regnum Christi. Ojalá y esta reflexión nos lleve a concretar un plan, calendario y medios efectivos para nuestra formación.

En los últimos 50 años la teoría de género se presenta como una ideología que sugiere que el hombre es el resultado de la cultura y que se construye con independencia de la naturaleza humana y de las leyes universales inherentes a su condición. Se busca crear normas únicamente por consenso olvidando que no es el debate democrático el que le da valor a una ley, sino el principio, valor universal, en el que se funda. El voto no da necesariamente un valor moral a una ley y es deber de la Iglesia decirlo.

Ya no se buscan normas trascendentes de principios de humanidad; cada uno se instala en el deseo de inventar sus propios códigos, con la voluntad de imponerlos a los demás. Este es el drama de la sociedad occidental: la ilusión narcisista de creer que el hombre se crea a sí mismo y es su propia referencia. Es el pecado del espíritu por excelencia, el pecado original aún en acto.

La Iglesia está en su papel y debe intervenir cuando la dignidad humana está en juego. Cristo lo hizo en el Evangelio: manifestó la verdad de Dios y reveló la del hombre. Quien condena a la Iglesia por intervenir tiene un error de perspectiva sobre el significado de la laicidad.

Es el Estado el que es laico y no la sociedad. La Iglesia no tiene que esconderse en la sacristía, como dando a entender a Cristo la orden de que se calle. Tampoco hay que oponer las normas de la Iglesia a las del Estado. La separación de Iglesia y Estado es la separación del poder religioso y el poder político y aunque la Iglesia no tiene por objeto regular la sociedad política, puede hablar, en nombre de su enseñanza social, sobre todos los temas sociales que afectan a la existencia humana.

La relación con Dios, como enseña Cristo, es una cuestión de amor, amor a la verdad. No es únicamente una cuestión religiosa, sino de saber a partir de qué realidades el hombre se desarrolla en la verdad y la justicia. La Iglesia puede ser entendida igual de bien por los creyentes y por los no creyentes.

Las decisiones políticas se toman a menudo condicionadas por la sociedad de consumo que impone sus normas económicas o por los medios de comunicación y los sondeos que con la fuerza de las imágenes y discursos se imponen con la inmediatez de los tiempos de Internet, en detrimento del sentido de la historia y el tiempo de maduración de las opciones políticas. Mientras la Iglesia apela a la razón, a la dignidad de las personas y situaciones, y se inscribe en una historia.

La Iglesia no es rígida, sino que es libre, lúcida y abierta a la vida como lo exige Cristo, ya que es siempre en el nombre del mismo principio en que ella interviene y estructura su relación con el mundo:

  • el respeto de la dignidad humana,
  • el respeto de la expresión sexual como una forma de relación amorosa comprometida entre un hombre y una mujer,
  • y el respeto de la vida desde su inicio hasta su final.

Todas estas cosas están siendo cuestionadas por la teoría de género en la que cada uno es su propio creador y destructor, ¡y por qué no, el destructor y exterminador de vidas que no son útiles!

El hombre ya no se concibe como un don ofrecido a sí mismo con una ontología que le es propia, sino como un ser que se crea y forma a sí mismo. El desarrollo humano, lejos de ser una vocación que viene de una llamada trascendental, y que por tanto tiene un significado, a menudo se presenta a través de la idea de que el hombre debe darse un sentido a sí mismo. Sin embargo, señala Benedicto XVI, «el hombre es incapaz de darse a sí mismo su propio sentido último» (Caritas in veitate, n. 16). El hombre se hace libre, independiente y vigoroso cuando reconoce el origen de su ser. En esta perspectiva, la fe cristiana es una liberación porque Cristo le revela su verdad, una «verdad que libera»”(Jn 8, 36-38).

Pero en la actualidad esta verdad está lejos de ser aceptada como un don recibido. La verdad es a menudo considerada como un producto humano, la persona es autosuficiente, con su verdad a la medida y conveniencia. Quiere luchar contra el mal con sus propias fuerzas y en nombre de las leyes democráticas que se fabrica. Trata de ignorar el sentido del pecado y del mal que hieren al hombre, creyendo erradicarlo con leyes civiles que a veces no hacen sino fortalecerlo. El hombre moderno, dice el Papa, quiere que coincida el bienestar material y social con la salud, o incluso la felicidad. Al tratar de salvarse a sí mismo, no sólo se pierde sino que se queda aún más en la depresión, por ser incapaz de encontrar la fuente de su ser.

Esta nueva ideología se impone por la ignorancia de la mayoría de los ciudadanos, pasa a través de leyes que tienen por objeto crear una realidad social alejada de los valores del Evangelio. Este es el caballo de Troya y es demasiado tarde cuando se descubre.

  • El marxismo quería inventar un nuevo hombre,
  • El nazismo, un hombre puro,
  • La teoría de género, un hombre liberado de la diferencia sexual:

En esta teoría la orientación sexual sustituye a la identidad sexual. El movimiento feminista y las lesbianas y los gays buscan dar legitimidad «científica» a su estilo de vida y sus reivindicaciones. Se ha desarrollado toda una trayectoria de compasión a causa de la pandemia del Sida, y la ideología, uniendo los sentimientos y la negación de la humanidad, se ha impuesto hasta el punto de convertirse en la norma a partir de la cual se redefinen el hombre, la mujer, la pareja, el matrimonio, la familia y la filiación. Esta dinámica ha necesitado más de cuarenta años para crear nuevos paradigmas y suceder al marxismo.

En lugar de tratar de unir en la complementariedad, estableciendo una relación entre las diferencias sexuales del hombre y la mujer, esta ideología (y las leyes hechas en su nombre) separa y opone cada vez al hombre contra la mujer buscando la reivindicación de un poder femenino a través de la autonomía de las mujeres, que excluye al hombre de la procreación humana y de la vida familiar. No es cierto que todas las funciones puedan ser realizadas indistintamente por hombres y mujeres y que esto no tenga consecuencias en las personas y en los vínculos sociales. Es suficiente con observar a los niños y a los adolescentes en el ámbito escolar.

El compartir entre el hombre y la mujer no debe confundirse con la similitud y, en este sentido, la escuela mixta ha fracasado. En vez de fomentar una mejor relación entre el uno y el otro, se busca la similitud, la identificación, una identificación femenina con la psicología masculina y viceversa. Hay una psicología masculina distinta de la psicología femenina, con intereses y necesidades que son diferentes entre sí. Al perder el sentido de esta gran diferencia entre los sexos, también se pierde el sentido de otras diferencias.

«Sólo el encuentro con Dios permite no solo “ver al otro como otro”, sino reconocer en él la imagen de Dios, ayudando así a descubrirse realmente unos a otros y desarrollar un amor que se convierte en solicitud de uno hacia el otro» (Caritas in veritate, n. 11).

La Iglesia, a imagen de Cristo, fue la primera institución que apoyó la igualdad entre hombres y mujeres contra todos los modelos sociales que iban en contra de esta dignidad. Luchó durante casi dos siglos para que se aceptara el matrimonio de libre elección de los esposos contra los matrimonios forzados y arreglados por las familias, la responsabilidad conyugal y parental compartida y la centralidad de la expresión sexual en la vida de la pareja.

Benedicto XVI insiste en que el matrimonio sigue siendo una institución estructurante para el hombre y la mujer, los niños y la sociedad. No es una realidad a la libre disposición del legislador, sino que es parte de la ley natural que le precede. No es un contrato sino que exige sus propias condiciones, precisamente comenzando por la diferencia sexual. «Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona» (Ibid, n. 44).

Las ciencias sociales han desempeñado un papel importante en la aparición de nuevas ideologías fundadas en los derechos individuales y en las divisiones artificiales en la humanidad en lugar de respetar las diferencias fundamentales. Los sociólogos que observan las actitudes y el comportamiento decretan que dado que un fenómeno existe, no sólo debe admitirse, sino también legalizarse y convertirse en un estándar. De ahí la proliferación de leyes que buscan legitimar los comportamientos en lugar de que el legislador cree leyes en nombre del bien común.

Estamos asistiendo a una perversión gradual de la ley en nombre de los derechos de las personas. No son los derechos individuales los que están en cuestión, sino el modo en que se disfrazan. El Papa tiene razón al escribir que «La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes. Los deberes delimitan los derechos porque remiten a un marco antropológico y ético en cuya verdad se insertan también los derechos y así dejan de ser arbitrarios». (Ibid n. 43). En la mayoría de los países desarrollados, la ley está actualmente organizada para «satisfacer las expectativas psicológicas».

«Hoy, somos testigos de una grave contradicción. Mientras que, por una parte, se reivindican los llamados derechos, de naturaleza arbitraria y caprichosa, con la pretensión de verlos reconocidos y promovidos por las estructuras públicas, por otra parte, derechos elementales y fundamentales de una gran parte de la humanidad son ignorados y violados» (Ibid n. 43). Tanto el matrimonio como la filiación no pueden depender de la utilidad para llenar la insatisfacción y la frustración de alguien.

Las herejías contemporáneas no son ya propiamente religiosas sino herejías antropológicas. Necesitamos armonizar fe y razón. «Dios revela el hombre al hombre; la razón y la fe colaboran para mostrarle el bien, a condición de que quiera verlo; la ley natural, en la que brilla la Razón creadora, muestra la grandeza del hombre, pero también su miseria, cuando desconoce la llamada de la verdad moral» (Ibid n. 75).

Quienes defienden la ideología de género sostienen la idea de todos somos seres humanos antes que hombres o mujeres. Este sofisma generoso es una ilusión pues el ser humano en sí no existe. No somos asexuados. Sólo encontramos personas que son hombres o mujeres. Además, no hay otras identidades fuera de estas. Se presentan numerosas paradojas irreales en esta ideología que queda marcada por la negación del cuerpo sexuado y responde a una angustia que ha atravesado siempre a la humanidad, la del reconocimiento, la aceptación y la interiorización de la diferencia sexual. Tal es el verdadero sentido de la alteridad humana que se cumple en la revelación cristiana. El significado del matrimonio no puede entenderse sino a partir del cuerpo sexuado que permite la unión y la comunión entre un hombre y una mujer.

¿Qué hacer? Actuar para que los distintos gobiernos adopten leyes civiles que no estén en contradicción con los principios de humanidad. Una sociedad que ya no comprende el sentido de la diferencia sexual pierde progresivamente el sentido de la verdad de las cosas y favorece un profundo sentimiento de inseguridad.

Para actuar el bien es necesaria la gracia que Dios nos da a TODOS. A más formación seremos mejores instrumentos para llevar el mensaje de amor a los demás y el Movimiento Regnum Christi nos ofrece medios efectivos para nuestra formación, vamos, ¡¡¡hay que aprovecharlos!!!

Acerca de Graciela Garza de Madero

Esposa, mamá de cuatro, suegra de tres y ¡feliz abuela de seis niñas! Miembro de la gran familia del Regnum Christi desde hace más de treinta años. He tenido el privilegio de participar en diversos proyectos como el Centro de formación integral a distancia (CEFID), Núcleos de vida Cristiana y Misión multimedia. Actualmente colaboro en el Centro de Recursos del Regnum Christi y en el Centro de estudios familiares y sociales (CEFAS).
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