Adviento, camino de Luz

Hola a mi querida familia del Regnum Christi. Iniciamos un tiempo cuyo sello característico es la esperanza: don de Dios y tarea del hombre[1]. Por eso hoy quiero compartirles dos grandes iniciativas que nos pueden ayudar a hacer nuestra tarea, nuestra espera confiada y activa, porque:
«En determinado momento el camino se torna incierto y, poco a poco, las falsas esperanzas van quedando defraudadas, dando paso al desengaño, la apatía y el abandono; una especie de invierno del espíritu. A veces una circunstancia especial, un encuentro providencial o simplemente los golpes de la vida, son la ocasión para un cambio de ruta. De pronto aparece Cristo en el horizonte, con toda su belleza y bondad, tendiendo la mano que invita a una vida nueva. Si el corazón se deja tocar por Cristo, entonces nace la experiencia del amor de Dios como fuerza transformante que sana y restablece lo que estaba enfermo. Es la experiencia de un amor nuevo, gratuito, ilimitado e incondicional que llena el alma de alegría y seguridad.
El misterio de la Encarnación del Hijo de Dios constituye la expresión histórica y concreta de este amor. Dios quiso revelarse a los hombres en la Persona de su Hijo, Jesucristo, hecho hombre. Por eso, para hacer la experiencia del amor de Dios hay que fijar la mirada en el rostro de Cristo, humano y divino a la vez, doliente y transfigurado, justo y misericordioso; hay que contemplar ese rostro, que ilumina y sostiene los pasos de quien se acerca a É».[2]
El equipo de comunicación de Red Misión, con la creatividad que le caracteriza, lanzó la tarjeta virtual para el Adviento. Vea el siguiente enlace: Tarjeta Adviento
La reflexión en video y demás elementos, que podemos compartir con quien queramos, es una super iniciativa.
Para quienes prefieren la ayuda de una lectura, la comunidad de religiosos del Centro de Santa María de la Montaña, formada por legionarios jóvenes, tuvo la iniciativa de preparar una meditación diaria sobre el evangelio de la liturgia del día en este tiempo de Adviento. Son reflexiones breves y sencillas para prepararnos mejor a la navidad. Si le dedican 5 minutos del día será el mejor tiempo aprovechado. A continuación la  primera meditación o reflexión ante Jesús. Si quieren recibirlas diariamente en su correo, por favor manden un correo a inforecursos@redmision.org y con gusto se les haremos llegar.
La autoridad de Cristo en el templo
Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?” Jesús les respondió: “También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con  qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?” Ellos discurrían entre sí: “Si decimos: “Del cielo”, nos dirá: “Entonces ¿por qué no le creísteis?” Y si decimos: “De los hombres”, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta”. Respondieron, pues, a Jesús: “No sabemos”. Y él les replicó asimismo: “Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto”. (Mt 21, 23-27)
El evangelio de San Mateo nos narra cómo Jesús valoraba la casa de su Padre, el Templo. Hacía poco había expulsado a los vendedores y cambistas que estaban convirtiendo la casa de su Padre en cueva de ladrones. Después se puso a enseñar la Buena Nueva a la gente sencilla que le escuchaba con agrado. Les hablaba de lo importante que es respetar la morada de Dios porque era sagrada. Les decía que al templo le venía su grandeza, no de sus muros y piedras, sino de quien habitaba allí. Era la casa de Dios. Allí como en todos los santuarios y templos del mundo de hoy habita y está vivo Dios, presente bajo las especies eucarísticas. Posteriormente seguramente les explicaba que ellos gozaban de una gran dignidad porque Dios les quería como hijos y habitaba en sus corazones.
Mientras les hablaba de estas verdades maravillosas, se presentan los fariseos exigiéndole a Cristo explicaciones por haber expulsado a los vendedores. Ellos no aceptaban que Jesús actuara como quien tiene autoridad y le exigen que les diga quién le dio tal autoridad para actuar así. Jesús  les escucha con calma y les hace una sencilla pregunta sobre el bautismo de Juan. Les dice: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?” Quiere saber qué pensaban ellos. La gente tenía a Juan por profeta y creían que era un enviado de Dios, por eso fueron a ser bautizados por él; los fariseos, en cambio, nada más estaban al acecho para poder recriminarle. Era difícil responder, por eso san Mateo dice que discurrían de esta manera: “Si decimos: “Del cielo”, nos dirá: “Entonces ¿por qué no le creísteis?” Y si decimos: “De los hombres”, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta”. Efectivamente si apoyaban que el bautismo era del cielo, entonces por qué no creyeron en Juan y si decían que era de los hombres, la gente que tenía a Juan por profeta se les echaría encima. Muy listos dijeron: “No sabemos”. Pero más listo Jesús les pagó con la misma moneda y les invitó a reflexionar. Simplemente les dijo: Si ustedes no me dicen tampoco yo tengo obligación de decirles con qué autoridad actúo.
En este pasaje evangélico resalta como Jesús enfrenta con serenidad las dificultades y tensiones creadas por los fariseos. Reclamando fueron a ponerle a prueba y Él conservando la calma supo responderles con prudencia y sin herirles. Esa serenidad ante los momentos difíciles cuánto nos ayuda para no tomar decisiones precipitadas, para no decir cosas de las que después podemos arrepentirnos. Jesús nos enseña a pensar bien antes de hablar para no dañar a los demás sino llevarlos a la reflexión. Dicen que es de sabios callar.
Fijándonos en los fariseos su actitud nos choca, sentimos repulsa, pero aunque la rechazamos a veces nosotros también podemos pecar de orgullo contra Dios ante una contrariedad, ante una enfermedad o ante un accidente y reclamarle a Dios, casi echarle la culpa de lo que nos pasa.  Pero quiénes somos nosotros para exigirle cuentas a Dios de lo que hace o deja de hacer. El nos ha dado todo y nos mantiene en la vida. Fuimos engendrados de modo milagroso. Recorramos con el pensamiento nuestra infancia, nuestra juventud en las que se descubre con claridad una mano invisible que nos ha llenado de sus detalles de amor; cada instante de nuestra existencia nos habla de Dios que a través de nuestros padres, hermanos y tantas personas de bien nos ha guiado y ayudado tantas veces. Más que exigirle cuentas a Dios nuestro corazón debe estar sumamente agradecido. Somos sus criaturas, sus hijos y la actitud correcta hacia Dios es la de la sencillez agradecida.
Este tiempo de preparación a la venida de Niño Dios podemos acercarnos con una actitud más orante y respetuosa a la casa de Dios. Ojalá que pudiéramos presentarnos y estar en la casa de Dios con la dignidad que Dios se merece. Podemos pedirle a Jesús que no perdamos el sentido de lo sagrado, que no vayamos al templo, a la misa sólo por cumplir; que estemos allí atentos a la liturgia y no vayamos a platicar con los demás sino sólo con Dios. No convirtamos la casa de Dios en un mercado. La Palabra de Dios que allí escuchamos es fuente inagotable de luz para nuestro corazón y de alimento para nuestra alma. Ella nos irá preparando interiormente a la Venida de Dios. La liturgia de adviento es muy rica y llena de enseñanzas para nuestra vida. En ella percibimos cómo todos lo que se acercan con fe a Dios salen transformados. ¡Cuánta seguridad necesitamos en este tiempo y Dios es nuestra seguridad! Les invito pues avivar su fe en la presencia real de Dios, de Cristo, en la Eucaristía. Presencia que nos llenará de consuelo y fortaleza; presencia que nos colmará de paz y alegría; presencia que nos abrirá a la esperanza pues estamos en la casa de su Padre. No podemos estar en mejor lugar. Seamos capaces de darle la oportunidad a Dios de venir y morar en nuestro corazón en esta Navidad.
H. Esteban Castro, L. C.

[1] Manual del miembro del Regnum Christi, n. 27.

2] Ibidem, n. 29 y 30.

Acerca de Graciela Garza de Madero

Esposa, mamá de cuatro, suegra de tres y ¡feliz abuela de seis niñas! Miembro de la gran familia del Regnum Christi desde hace más de treinta años. He tenido el privilegio de participar en diversos proyectos como el Centro de formación integral a distancia (CEFID), Núcleos de vida Cristiana y Misión multimedia. Actualmente colaboro en el Centro de Recursos del Regnum Christi y en el Centro de estudios familiares y sociales (CEFAS).
Esta entrada fue publicada en La conferencia de la semana. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*