El peligro de sentirse superior

Siempre los Pastores (Obispos) están al pendiente de nuestras necesidades, en algunas ocasiones no los comprendemos por falta de información o los descontextualizamos con mucha facilidad. Como seglares debemos o podemos aprender de sus experiencias y trabajo pastoral, hoy les comparto una reflexión de Mon. Rogelio Cabrera sobre un tema muy adecuado para muchos de nosotros..
El peligro de sentirse superior
“Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: ‘Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’. Jesús le contestó: ‘También está escrito: no tentarás al Señor, tú Dios’” Mt 4, 4-5El hombre y la mujer de todos los tiempos se han dejado llevar por muchas cosas que aparecen inmediatamente. Con el simple hecho de que aparecen apetecibles a la vista, porque gusta y  satisface en el primer  momento.

Cuando las cosas se presentan así, solemos llamarle tentación. Es decir, una oferta que pareciera no debemos dejar pasar. Cuando la imagen, el gusto, la pasión, o alguna emoción irrumpen, la razón y la inteligencia se ven nubladas, por eso, es importante  decidir cuando se ha reflexionado sobre las consecuencias positivas o negativas, que pueden resultar de la decisión que se toma.
Desde el aspecto religioso, se atribuye al diablo, la tarea de poner tentaciones, y por cierto, solo tiene el permiso de ofertar, de tentar, pero quien al final quienes decidimos somos cada uno de nosotros. Que, cuando se acepta o se sucumbe ante la propuesta, se convierte en pecado, porque es desobedecer a Dios, para dar lugar a una voluntad contraria.
Desde el libro del Génesis, se lee cómo la serpiente, el diablo, oferta a la mujer y le presenta la mayor de las tentaciones: “No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y del mal” (3, 1-7). El hombre juega a ser Dios, por eso, cree que puede decidir sobre el destino de los demás, de la vida, del amor, del planeta, de la creación entera. Quiere ser como Dios. Quiere sacar a Dios de la jugada para responder a la realidad prescindiendo de Dios. El Papa Benedicto XVI, en su Encíclica Dios es amor, refería precisamente a esto: “La experiencia de la inmensa necesidad puede, por un lado, inclinarnos hacia la ideología que pretende realizar ahora lo que, según parece, no consigue el gobierno de Dios sobre el mundo: la solución universal de todos los problemas. Por otro, puede convertirse en una tentación a la inercia ante la impresión de que, en cualquier caso, no se puede hacer nada. En esta situación, el contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto: ni caer en una soberbia que desprecia al hombre y en realidad nada construye, sino que más bien destruye, ni ceder a la resignación, la cual impediría dejarse guiar por el amor y así servir al hombre” (36).
Por otro lado, las tentaciones constantes del hombre actual: el poder, el tener y el placer, se han convertido en la bandera de muchos gobiernos, de instituciones y asociaciones. Se deja de ver al hombre como digno de ser amado para convertirlo en el oponente en la lucha constante por conseguir más poder, más riquezas y más gozos efímeros.
La cuaresma es  el tiempo oportuno para vencer estas situaciones con la oración, el ayuno y las obras de caridad (Cfr. Mt 6, 1ss).  “La oración se convierte en estos momentos en una exigencia muy concreta, como medio para recibir constantemente fuerzas de Cristo. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción. La piedad no escatima la lucha contra la pobreza o la miseria del prójimo. Ha llegado el momento de reafirmar la importancia de la oración ante el activismo y el secularismo de muchos cristianos comprometidos en el servicio caritativo. Obviamente, el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en él y en su trabajo. La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas. Una actitud auténticamente religiosa evita que el hombre se erija en juez de Dios, acusándolo de permitir la miseria sin sentir compasión por sus criaturas. Pero quien pretende luchar contra Dios apoyándose en el interés del hombre, ¿con quién podrá contar cuando la acción humana se declare impotente?” (36-37).
Para vencer las tentaciones debemos tener mucha claridad y prudencia. No somos superiores a los demás y sería muy peligroso ponernos contra Dios. Pero ¿cómo lograrlo cuando nos distraemos de la realidad para aceptar las propuestas momentáneas e ilusorias que aparecen constantemente? Solo la sensatez, la cordura y una vida íntegra podrán garantizar que la respuesta de la realización del hombre consiste en escuchar la Palabra de Dios que nos dice: “No tentarás al Señor tu Dios”.
+ Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez
Osvaldo Moreno

Acerca de Osvaldo Moreno

Desde 1998 trabajo formalmente para la Iglesia. Considero un privilegio ejercer en un mismo trabajo mi profesión de comunicador y el llamado a la evangelización de todo bautizado. Desde niño mis padres me enseñaron a colaborar con la parroquia, a estar cerca de los sacerdotes. Ahora de casado y como miembro del Regnum Christi estoy seguro de que el trabajo y la unidad de los movimientos de laicos es una riqueza que puede contribuir de manera muy importante a la reconstrucción de una sociedad más justa y libre.
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