En tiempos cercanos a la beatificación de Juan Pablo II, me gustaría compartirles el testimonio de una mamá "bien impresionada".
"Hoy por la mañana, al acomodar uno de esos cerros de papeles que aparecen de la nada en cada casa, encontré un TESORO:
Una arrugada hoja de cuaderno escolar con fecha del 21 de abril de 2005 con el escrito que una de mis hijas, quien entonces acababa de cumplir diez años, escribió pocos días después de que había partido Juan Pablo II a la casa del Padre.
Me permito compartir con ustedes tan fresca reflexión.
"Lo que me enseñó Juan Pablo II fue:
Que Dios nunca nos va a dejar solos.
Que la Virgen siempre nos acompaña.
Que fue un gran héroe de nuestra fe.
Salvó a la Iglesia.
Que convenció a los jóvenes de que ellos podían cambiar al mundo.
Cuando el murió me sentí sola.
Lo que más me gustó fue que dijera "No tengais miedo".
Que cuando le disparó, perdonó a Agca.
Y aunque estaba enfermo, él siempre cargó su cruz.
Él siempre se esforzó por nuestra fe católica."
Bendito hallazgo que me trajo a la memoria dos cosas: primero, la invitación de Jesucristo a hacernos como niños para poder entrar al Reino de los Cielos; segundo, el recuerdo de Juan Pablo II quien supo conservar siempre la sencillez de corazón de un niño, sin dejar por ello de madurar y ser lo que Dios quiso que fuera.
Bendito hallazgo que me recordar la promesa de que El estará con nosotros hasta el fin del mundo y que nos dejó a su Madre al pie de la Cruz.
Bendito hallazgo que puso en mi corazón una sonrisa al recordar a nuestro flamante beato y ejemplo de vida cristiana.
¡Que Dios te bendiga Juan Pablo II!"
Kena Miranda.













