Se nos pudrió el corazón…

Era la hermosa y húmeda mañana del 24 de abril pasado. Gustavo, Adolfo, Blanca y Samuel salieron como cada día  a las siete de la mañana para caminar dos kilómetros, cruzar el Río Oxolotan y luego de dos kilómetros llegar a su escuela.

Anita, mamá de Samuel y amigo de los otros tres niños, comentó que ese día su hijo no quería ir a la escuela, no se quería levantar. Pasó el tiempo, el reloj marcó las dos de la tarde y no llegaban los niños a sus humildes casas de madera. El calor arreciaba entre la espesa maleza de Tapijulapa, poblado ubicado en Tabasco cercano ya a los límites con Chiapas.

Pasaron tres días de espera y búsqueda, vecinos y amigos “peinaban” la zona hasta que unos jornaleros, limpiando un terreno del rancho “Leche y Miel” – que contradictorio – encontraron los cuerpos de los niños que días antes salieron a la escuela y nunca regresaron.

La Procuraduría dice que murieron asfixiados a manos de unos vecinos, dos adultos y dos menores de edad. ¿El móvil? Una supuesta venganza, el padre de los hermanitos asesinados había denunciado a los homicidas por haber matado un jabalí.

¿Que pude haber en el corazón del hombre para asesinar y motivar a menores de edad a asesinar? Es muy lamentable la muerte provocada por el crimen organizado, pero creo que es peor la muerte por motivos tan absurdos  y además involucrando como víctimas y victimarios a niños de 7, 10 y 8 años.

¿De que estamos llenando el corazón de los niños y jóvenes? ¿Es en serio que la violencia mediática y el abandono a los niños esta produciendo a los asesinos?, sea la razón que sea nadie puede negar que los corazones de hoy, que representan los sentimientos y valores se están descomponiendo día  a día, se están pudriendo.

Hay muchas soluciones, los gobiernos son responsables de la educación, pero los padres, las familias y las religiones somos responsables de la FORMACIÓN. ¿Que más debe pasar para que corrijamos el rumbo?

Osvaldo Moreno

Acerca de Osvaldo Moreno

Desde 1998 trabajo formalmente para la Iglesia. Considero un privilegio ejercer en un mismo trabajo mi profesión de comunicador y el llamado a la evangelización de todo bautizado. Desde niño mis padres me enseñaron a colaborar con la parroquia, a estar cerca de los sacerdotes. Ahora de casado y como miembro del Regnum Christi estoy seguro de que el trabajo y la unidad de los movimientos de laicos es una riqueza que puede contribuir de manera muy importante a la reconstrucción de una sociedad más justa y libre.
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