El perro que ve a la liebre

Hace años alguien me contó la historia del perro y la liebre. Varios perros corren y corren detrás de una liebre, al pasar por las calles se les unen más y más perros atraídos por el alboroto, vamos, que se arma un fandango muy ameno para los canes involucrados. Pero… porque casi siempre hay un pero, tras cierta distancia, el calor… va disminuyendo el entusiasmo de la jauría. Y así, uno tras otro, los perros se van quedando a la vera del camino, regresan a su hueso, a su pedacito de sol, a que les rasquen la panzita en casa. Sin embargo, uno de ellos no deja de correr. El perro que vio a la liebre.

Esta historia podría ser tanto un cuento de los hermanos Grimm (de haber diálogos diría que una fábula de La Fontaine…), hasta un “forward” de correo electrónico, pero el mensaje es igualmente interesante. Hacer la cosas “como el Borras”, “¿a dónde va Vicente? a dónde va la gente…” o hacerlo porque se cree y se quiere, porque se sabe lo que hay delante, por la opción personal… En otras palabras, porque se ha visto a la liebre.

Sin duda que todos los perros en cuestión se cansarían más o menos, quizás incluso se deduce que esté más cansado el que no ha dejado de correr, pero resulta que este tiene un motivo (que viene de “motor”, algo que de la el impulso de movimiento), si bien eso no hace que los kilómetros se vuelvan centímetros, sí que hace que la obligada travesía cobre sentido, que lo costo entre dentro de una jerarquía de valores en la que no prima, no rige, o como diría el ya Beato Card. John Henry Newman “mil dificultades no hacen una sola duda”.

Así que en la vida todos hemos de reflexionar ¿he visto a la libre o corro detrás de los otros? en medio del alboroto, sobrellevando las dificultades pero sin mucha idea de qué hago y a dónde voy realmente… de por qué hago o no hago tal o cuál. Y para aquellos que corren “ciegamente”, lo siento, pero eso no es precisamente fe, así que más que admiración suscitan cierta compasión, pues si bien en la fe no “se ve” todo, se sabe lo que hay al final de la carrera…

Cerramos esta carrera con la frase del Apóstol: “Yo sé en Quién he puesto mi esperanza y estoy seguro” 1 Timoteo 2, 12.

Paulina Nuñez @entreotrasideas

Acerca de Paulina Nuñez @entreotrasideas

Soy Paulina Núñez Jiménez, de Guaymas (México), fui colaboradora en Cozumel, me consagré en 1999, realicé mi formación en Monterrey, he trabajado apostólicamente en Mérida y Monterrey, apoyando en secciones de jóvenes y centros estudiantiles. Soy licenciada en Educación y Desarrollo por la Anáhuac y tengo el título de Experto Universitario en Creatividad y Valores. He trabajado en la oficina de comunicación del Regnum Christi en México, actualmente formo parte de la oficina de comunicación del RC en España y soy formadora en el Colegio Mayor de la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid (España). @entreotrasideas
Esta entrada fue publicada en En vivo. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El perro que ve a la liebre

  1. Juan Uribe dijo:

    Muy buen blog!!! y además es Providencial para los momentos de reflexión en los que estamos en el Regnum Christi… Se acabó el momento de perseguir la “liebre” de otros… es el momento de que esa liebre sea totalmente anhelada por cada uno de los miembros del Movimiento -desde cada vocación individual- Todos los miembros del Regnum Christi deberíamos reflexionar seriamente sobre el motor que nos impulsa a perseguir nuestra “liebre” y una vez conscientes de que estamos aquí para que CADA UNO conozca mejor a Jesús (nadie quiere lo que no conoce); para que cada uno profundice y disfrute de la oración (la piedad); que cada uno entienda que toda esta maravillosa religión se basa en el Amor infinito de un padre misericordioso; y por último -y tal vez lo que más nos caracteriza- que todo lo hacemos a través de un celo ardiente -y activo- por extender el Reino de Jesús en la tierra, para que todos los que se cruzan en nuestro camino puedan sentir y disfrutar la inmensa alegría y felicidad de sentirse amados y protegidos por un Padre que se desborda de Amor por nosotros (es decir nuestro apostolado personal) Por último, si que tenemos una obligación: perseguir la misma “liebre” en FAMILIA… y no una familia de palabra… que realmente actuemos y sintamos que somos una familia, que nos queremos, que rezamos unos por otros, que no somos unas “islas”, que todos tenemos la obligación de conocer, querer y apoyar a los otros miembros seglares de del RC, a cada uno de los apostolados del Regnum Christi, a los seminaristas de Salamanca y Ontaneda, a las estudiantes de nuestro centro de formación de Cerro del Coto, a nuestras queridas consagradas, a nuestros queridos consagrados y, por supuesto, a nuestros sacerdotes Legionarios de Cristo. Un abrazo querida Paulina, Juan Uribe

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*