La megamisión: desprenderse, aprender y prender

 

P. Benjamín Clariond LC

23 de marzo de 2013. "Id al mundo entero y predicad el evangelio"

Anoche leí el tuit de una señora que anunciaba que su hijo de 18 años había partido de misiones. Una amiga mutua la felicitaba y le presumía que su hija llevaba ya seis misiones. Y aunque no se convirtió en trending topic, no deja de entusiasmar que tantos escuchen la invitación de Cristo a servirle en los pobres y necesitados.

Ir de misiones puede describirse con tres palabras parecidas: desprender, aprender y prender. Desprenderme de mi descanso y de los límites de mi vida cotidiana. Aprender de la dicha de compartir y de la felicidad de los pobres. Prender la llama de la fe y de la caridad, que luego encienda otros fuegos que den luz al mundo.

Dejar de lado la semana santa, sacrificar unos días de vacaciones, no es cosa fácil. Requiere desprendimiento, exige elegir en conformidad con la propia fe. Me impacta siempre ver llegar a los misioneros con un morral con pocas cosas, lo verdaderamente esencial. Me hace reflexionar para ver si yo voy con demasiadas cosas por la vida: no sólo lo material, sino también con formas hechas de pensar, con comodidades, con zonas de confort y límites adquiridos. Y ahí los ves: los que van a la Megamisión del Regnum Christi, los que colaboran con los salesianos, los jesuitas, los maristas, en sus parroquias. Todos felices de no tener nada. ¿Me desprendo de mí mismo en esta semana santa? ¿Soy misionero, vaya o no vaya de misiones, sobre todo si no voy por enfermedad, por trabajo, por alguna cosa que no me permite ir? Desprenderme de todo para aprender.

Recuerdo bien las misiones del año pasado. Dos niñas extraordinarias, Alexa y Camille, tenían un gran deseo de conocer su fe. Y así venían a jugar y a que les contara historias de la Biblia. Poco a poco los papás y los amigos se acercaban para escuchar y para poder luego ellos transmitir… Cantamos juntos, conversamos, rezamos y aprendimos a compartir el don más grande que es la fe hecha servicio.

Pero el aprender no se queda sólo en lo que un misionero enseña o lo que un misionero vive. Cuánto enriquece la fe sencilla de las personas que en medio de grandes privaciones y sufrimientos te recuerdan lo que verdaderamente importa. Aprender un Cristo que no es de libros, sino un Cristo que se vive y que está vivo y que tiene un cariño especial por quien sufre.

Una misión corre el riesgo de ser un fuego artificial. Me entusiasmo. Es un espectáculo. Pero luego sólo queda humo. Una verdadera misión busca prender el fuego de la fe y de la caridad.

A veces reducimos la caridad a simple ayuda solidaria y humanitaria. Pero la mayor obra de caridad es la evangelización, hacer participes a los demás del Evangelio, que experimenten y conozcan el amor que Cristo ha tenido por ellos. Un buen amigo mío, Octavio, que es seminarista menor en Guadalajara, el año pasado en misiones pudo llevar la Eucaristía de un pueblo a otro. ¡Y cómo ha sido el fuego que prendió en él que logró que muchos se acercaran a Cristo para que pudieran experimentar lo que él había encontrado! Pronto, si Dios quiere, entrará al noviciado de la Legión de Cristo, porque lo que más desea es encender el fuego que se prendió en él el año pasado.

Una multitud de misioneros sale hoy de su vida ordinaria, se desprende; sale al encuentro de los pobres para atenderlos y escuchar con ellos la Palabra de Dios, aprende; y sobre todo, lleva el fuego del amor de Cristo a todos los rincones, porque eso es precisamente lo que más necesitamos todos los hombres: prende esa llama del Espíritu que pone en pie a la Iglesia.

Acerca de Autores varios

En esta sección publicamos textos selectos de otros autores que desean compartir sus reflexiones sobre temas relacionados con el carisma y la misión del Regnum Christi en la Iglesia. Las sugerencias se pueden enviar a (regnum@regnumchristi.org), junto con una breve presentación del autor”.
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