Tu rostro, Madre, es la Misericordia

Por el P. Leopoldo Cuchillo, L.C.

Desde que hace ya mucho tiempo, se escuchó en un monte “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”, se han ido engarzando en la historia de la humanidad, cadena ininterrumpida, personas, hechos, e instituciones que han dibujado, encarnado y traducido esta bienaventuranza.

Según leo, la noción bíblica de “misericordia” es más amplia que nuestra definición de “perdonar al culpable”. En hebreo el término nos habla de entrañas, de un lugar central de los sentimientos, de conmoción, de algo profundo en la relación con Dios y entre nosotros. Isaías nos cuenta con este término que Dios se estremece en su interior al recordar al hombre, su creación amada. Oseas habla de la ternura, como misericordia de Dios hacia el hombre. María, madre de misericordia, con su canto del “magníficat” explicita esa ternura y esa misericordia, ese estremecerse de Dios ante los humildes.

Ver al papa Francisco, en la plaza de San Pedro, acariciando a ese hombre enfermo, con esa ternura, con estremecimiento, con esa misericordia, ha sido el último eslabón televisado, de esta Iglesia que tiene como rostro primigenio la misericordia. Y al mirar a los cuatro puntos cardinales de nuestro mundo, y contemplar a tantos hermanos y hermanas, hijos de la Iglesia-Misericordia, hermanos míos, realizando misericordia en nombre de la Iglesia, me siento orgulloso de esta familia que tengo.

Desde el balcón de la biblioteca, o en las diversas homilías de estos días, nuestro Pastor, nos ha hablado, con ojos chispeantes, de perdón, de misericordia, de los hermanos necesitados, de los que sufren. Nos ha pedido que nos cuidemos unos a otros, que nos queramos, que nos perdonemos, que pidamos perdón. Y me imagino a esos miles de misioneros en los límites del mundo, escuchando al Papa hablar de ellos, conmocionados; reconocerles su misericordia y su amor, en un mundo donde parece que se quiere opacar ese rostro de la Iglesia, ese verdadero rostro de la Iglesia que es la Misericordia, ha sido un acto también de amor y misericordia hacia ellos.

A un obispo misionero en África le han destrozado las dependencias que con años de trabajo había levantado para llevar la misericordia de Cristo a esas personas necesitadas. Ha prometido, a pesar de todo y del riesgo, volver a empezar y no guardar rencor. He visto una imagen, entre miles que no son fotografiadas, de una monja encorvada sobre un cuerpo acabado de tan deforme por la enfermedad, mirando con misericordia y acariciándolo con mucho amor. He leído estos días que una pareja ha estado acompañando durante semanas, en la cuna, a un bebé enfermo abandonado por sus padres en un hospital. Escuché en las noticias que en medio de las balas de las guerras de oriente medio, un sacerdote, uno entre cientos y miles, seguro, se negaba a abandonar su puesto junto sus ovejas. Todos conocemos la noticia de esos jóvenes voluntarios que en las noches frías de Madrid, y en otras ciudades, se dedican a acompañar y “calentar” el corazón de tantos “sin techo” de nuestros barrios. Me alegran la cara y el alma cuando los del telediario, tan propensos a escándalos y corrupciones, nos ponen al famoso “padre pateras” sosteniendo en los brazos al enésimo bebe, “nuevos Moisés”, salvado de las aguas. He sabido que miles de jóvenes, familias enteras, se disponen esta semana santa, en diversos países de mundo, a llevar la alegría de la salvación a poblaciones dispersas y lejanas, donde falta la presencia de Cristo y la básica ayuda material. Y qué decir de esas familias misioneras que entregan su vida, cambiando de país, trabajo y amistades, para llevar el nombre de Cristo a los límites.

Podría seguir: pero son cientos, miles, los hombres y mujeres, interminable cadena, que misionan en esos límites de la humanidad: los límites de la salud, con enfermedades del cuerpo y del alma, los límites de bienestar del que gozamos en el tristemente llamado “primer mundo”, los límites de soledad de tantos abandonados, de tantos ancianos, de tantos usados; los límites de tantos prostituidos, comercializados como productos de uso; los límites de los campos de batalla y de los conflictos étnicos; los límites de los hospitales y los psiquiátricos. ¡Cuántos límites!. Y en todos estos datos, que no son datos, sino personas concretas que sufren, hermanos míos que están “perdidos!, al lado de ellos siempre hay alguien de mi familia acompañando, curando, hablando… actuando la misericordia de un Dios que ha querido amarnos con todas sus entrañas.

Ese es el rostro de mi Iglesia. Porque mi Iglesia es madre de misericordia. A veces nos quieren dar otra imagen de ella, pero en justicia a mis “hermanos misericordiosos”, creo que debemos proclamar que éste es el verdadero rostro de nuestra Iglesia. Gracias a todos los que encarnan todo este amor. Gracias Papa Francisco por recordárnoslo.

Acerca de Autores varios

En esta sección publicamos textos selectos de otros autores que desean compartir sus reflexiones sobre temas relacionados con el carisma y la misión del Regnum Christi en la Iglesia. Las sugerencias se pueden enviar a (regnum@regnumchristi.org), junto con una breve presentación del autor”.
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2 respuestas a Tu rostro, Madre, es la Misericordia

  1. Cornelius Jacobs dijo:

    Ver al papa Francisco, en la plaza de San Pedro, acariciando a ese hombre enfermo, con esa ternura, con estremecimiento, con esa misericordia, ha sido el último eslabón televisado, de esta Iglesia que tiene como rostro primigenio la misericordia. Y al mirar a los cuatro puntos cardinales de nuestro mundo, y contemplar a tantos hermanos y hermanas, hijos de la Iglesia-Misericordia, hermanos míos, realizando misericordia en nombre de la Iglesia, me siento orgulloso de esta familia que tengo.

  2. Valerie W. dijo:

    Ver al papa Francisco, en la plaza de San Pedro, acariciando a ese hombre enfermo, con esa ternura, con estremecimiento, con esa misericordia, ha sido el último eslabón televisado, de esta Iglesia que tiene como rostro primigenio la misericordia. Y al mirar a los cuatro puntos cardinales de nuestro mundo, y contemplar a tantos hermanos y hermanas, hijos de la Iglesia-Misericordia, hermanos míos, realizando misericordia en nombre de la Iglesia, me siento orgulloso de esta familia que tengo.

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