El Papa debe ser nuestro amigo

Por el P. Juan Pablo Ledesma, L.C.

Herminio Morelos como hermano apostólico (Tlálpam).

Un 13 de marzo de 1983, el padre Herminio Morelos, L.C., formador de legionarios de Cristo por muchos años, partió para la casa del Padre. El P. Morelos concluía su carrera terrena al entregar su alma a Dios en el hospital Marqués de Valdecilla de Santander, minutos después de haber rezado el rosario y recordando las letanías. En Ontaneda, desde hace 30 años, descansan sus restos mortales y leemos en su epitafio el resumen de la vida de todo legionario: «Cumplió su misión de cristiano y de sacerdote hasta morir en la raya».

El 24 de septiembre de 1955 el P. Morelos, entonces un joven fogoso de dieciocho años, llegaba a Roma para iniciar su noviciado. A treinta años de su muerte constatamos con gozo que la oración que elevó a Dios el día de su ordenación sacerdotal se cumplió en él con creces.

«Hazme, Señor, fiel a tu amistad, y don sacerdotal para llevar siempre tu luz a las tinieblas, tu amor al odio, tu esperanza a la desesperación, tu alegría al dolor. Que siempre sea el heraldo alerta de tu gracia y Evangelio para que las almas conozcan y vivan más tu Reino. Roma, Navidad 1967 (recordatorio del P. Morelos)».

Para los que lo conocieron, el P. Morelos irradiaba alegría y entusiasmo. Su alma fue triturada en el dolor y purificada. Sufrió en silencio, sobrellevó su enfermedad de cáncer con entereza. Vivió 45 años. Su vida fue breve, pero intensa. No se extinguió ni su alegría, ni su entrega ardorosa a Dios en la Legión, haciendo gala hasta el final de su talante generoso. Por eso, al hacer memoria de este legionario, no podemos omitir una muy sentida acción de gracias a Dios nuestro Señor.

Quizá la imagen más clara que se mantiene todavía impresa en nuestra memoria y en nuestro corazón es la del P. Herminio Morelos como sacerdote y formador, rodeado de los apostólicos: enseñando, educando, haciendo Iglesia.

¿Qué huella dejó el P. Morelos en los legionarios que formó? Esta es la huella que dejó en mí:

Julio de 1982. El P. Morelos celebra la misa en su habitación en el Hospital Metodista de Houston.

Nací a la Legión el 29 de julio de 1981. Nos recibieron las porras de los seminaristas que estaban jugando fútbol. Después de la obligada visita a la gruta de la Virgen, algunos nos ayudaron a subir las maletas. Una breve escala en la capilla y al dormitorio, a dejar las cosas. El primer impacto fue el P. Morelos. Después de bendecir los alimentos, invitó a los apostólicos a servir la cena en el parque de Alceda y a ofrecerlo por la Iglesia y por el Papa. Lecciones que se me grabaron el alma, como aquella ocasión en que estábamos jugando y simplemente nos dijo: cuiden su vocación.

En el Padre Morelos siempre encontré un sacerdote, un padre y un amigo. Desde el primer momento me impactó. Me ganó con los detalles. Cuando volví de mi casa fue a recogerme y me invitó un pastelito y un café. Era un Homo Dei: su fervor en las misas, su delicadeza en la confesión. Yo quería ser como él. ¡Ojalá fuese yo como el P. Morelos! Me enseñó que la Eucaristía debe ser lo primero, que debo darle lo mejor: el primer saludo de año nuevo, ofrendarle la banda de honor de los concursos… Nos enseñaba el dominio y los pequeños sacrificios: dejar siempre algo en el plato, cerrar los ojos unos momentos en lo más emocionante de la película… Nos infundía fervor y mística, hablándonos de los primeros legionarios. En su predicación valoraba mucho al Papa: “debemos ver siempre en él al Vicario de Cristo -nos decía-. El Papa debe ser nuestro amigo”.

Pero lo huella más profunda es que me enseñó a vivir, a sufrir y a morir. Recuerdo su dolorosa enfermedad: ese cáncer incurable y su deseo de estar siempre cerca de nosotros, sus apostólicos”.

Acerca de Autores varios

En esta sección publicamos textos selectos de otros autores que desean compartir sus reflexiones sobre temas relacionados con el carisma y la misión del Regnum Christi en la Iglesia. Las sugerencias se pueden enviar a (regnum@regnumchristi.org), junto con una breve presentación del autor”.
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Una respuesta a El Papa debe ser nuestro amigo

  1. Araceli Sagaz Morelos dijo:

    Hola soy hija de su hermana Sara. Mi tío Mino siempre fue un ejemplo para la familia esperábamos con ilusión sus cartas y más aun sus visitas. Me dio un gusto enorme encontrar anécdotas sobre su vida y sobre todo que se le recuerde con cariño. Mi mamá me comento que el se fue con los legionarios a los doce años ella ya murió y su ultima hermana Socorro tiene apenas dos meses de muerta.

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