¡Qué hermosos son sobre los montes los pasos del mensajero que anuncia la paz!

Misiones de semana Santa del 2014

Por el P. Eugenio Martín, L.C.

Con la misma ilusión que hace 13 años, recién ordenado sacerdote, durante esta semana santa he sido testigo de la acción tan intensa que la gracia de Dios obra en los campos de sus almas. Una verdadera maravilla, mayor aún que la de la creación, si nos dejamos penetrar por una actitud contemplativa y de colaboración con su Espíritu.

Este año Monseñor Jean Christophe, Nuncio de su santidad en México, presidió en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe la misa de envío a las misiones evangelización que los miembros del Regnum Cristi y los legionarios de Cristo acostumbramos a llevar a cabo durante la semana -para nosotros- más esperada del año.

“Pongan a Cristo al centro de sus vidas, porque sólo gracias a él es posible encontrar las razones válidas para vivir y para ayudar a dar vida a la existencia de los demás”. Nos invitaba el Nuncio después de hacer un análisis de la necesidad que nuestro mundo tiene hoy del anuncio de la pasión muerte y resurrección de Jesucristo nuestro Salvador.

“Ustedes hoy son enviados, van en misión, invitados por sus formadores, pero sobre todo por Jesús que les llama así a estar con Él para ser sus amigos, esto es, a convertirse más y más a Él para así, estar en grado de llevarlo a los demás: todo por amor. (…) Vayan, pues, hermanos y anuncien la buena noticia, congregando en la unidad de la fe a los hijos de Dios que andan dispersos. Que el espíritu haga de cada uno y cada una instrumentos de luz, de amor y de paz para una iglesia más santa y para un mundo mejor. Les deseo éxito en sus trabajos, y que la alegría de Pascua llene sus corazones de esperanza y de consuelo. A Santa María de Guadalupe, la primera misionera de América, le pedimos que nos enseñe a seguir a Jesús. Que nos enseñe a ser discípulos y misioneros. Como ella queremos decir sí a Dios. Pidamos a su corazón de madre que interceda por nosotros, para que nuestros corazones estén dispuestos a amar a Jesús y a hacerlo amar. Queridos jóvenes, los hermanos los esperan y Jesús cuenta con ustedes: ¡denle la alegría de su respuesta fiel! Amén”. Así terminaba su homilía el Nuncio de su Santidad, y después partimos con presteza todos los misioneros a nuestros pueblos asignados.

“¡Qué hermosos son sobre los montes los pasos del mensajero que anuncia la paz, que trae una buena noticia y anuncia la victoria, que dice a Sión: ya reina tu Dios” (Is 52, 7). Más de dieciochomil misioneros se repartieron a diversas comunidades de la República Mexicana para continuar el mandato de Cristo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio”. La alegría más profunda que puede alcanzar el cristiano, nace del encuentro personal con Jesucristo resucitado -nos recuerda el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium-. Quien ha probado el amor de Jesús, lleno de misericordia, no puede más que compartirlo y anunciarlo. Por eso somos discípulos y misioneros.

Hemos hecho la experiencia de una iglesia en salida, que siempre está a la escucha de la palabra de Cristo, pero no se puede guardar ese tesoro, sino que sale a evangelizar. Nuestra fe se fortalece dándola, porque como miembros de la Iglesia, sacramento de salvación, somos enviados. Y queremos prolongar la presencia de Cristo entre los hombres, en torno a nuestros pastores y a la eucaristía. Nos hemos enriquecido al compartir nuestra fe y participar de la fe del pueblo de Dios inculturada en las comunidades indígenas de nuestro pueblo.

No podemos dejar de reconocer con gratitud y admiración la entrega de tantos sacerdotes diocesanos, que en medio de una ingente demanda de trabajo y muchas limitaciones, se entregan día a día a servir a sus hermanos en dichas comunidades. Si, como decía el Santo cura de Ars, la mayor alegría para Dios es perdonarnos, no hay período que podamos disfrutar más espiritualmente, que este tiempo de gracia y misericordia. Con el apoyo de muchos sacerdotes, que incluso vinieron desde Roma y otras partes del mundo, el Padre de la misericordia pudo derramar su amor en los corazones de quienes se confiaron a Él.

El domingo de Resurrección, Cristo resucitado y vivo entre nosotros, nos convocó en torno suyo para celebrar la eucaristía en la Universidad Anáhuac de México. Miles de jóvenes y familias con el rostro tostado por el sol y el cansancio acumulado en todo el cuerpo, nos unimos en un solo canto de alabanza para agradecer a Jesucristo su confianza de habernos permitido colaborar con Él. ¡Cuántos testimonios y aventuras para compartir, como los primeros discípulos, cuando regresaron con Cristo a contarle cómo les había ido en la misión!

El padre Ricardo Sada, nuevo director territorial de los legionarios de Cristo en el territorio de México, presidió y predicó la homilía en esta concelebración eucarística. Desde la experiencia del Resucitado nos invitó a agradecer a Jesucristo la confianza, la atención particular y el amor personal que Jesucristo nos ha manifestado en nuestras vidas. Hasta una noticia tan triste como la pérdida de la vida de un misionero y las quemaduras que sufrieron un grupo de jóvenes de Zacatecas que participaron en las misiones de este año, nos reafirman la convicción de que “todo coopera al bien para aquellos que aman a Dios” y se entregan a Él confiados en su amor.

Me llamó mucho la atención el grito espontáneo de algunos jóvenes que en varias ocasiones lanzaron a Jesucristo durante la misa: “¡Cristo Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!” Sabemos que la Iglesia es el comienzo del reino de Cristo, que todavía no llega a su plenitud. Puesto que esta iglesia, habitada por el espíritu de Jesucristo, es primicia del reino, nos sentíamos felices de poder celebrar junto con Cristo la llegada de su reino. Pero reconociendo nuestra debilidad, mostramos nuestras heridas de pecadores redimidos y resucitados con Cristo. Los legionarios de Cristo y los miembros del Regnum Christi también hemos pasado por la muerte y reconocemos como miembros de esta iglesia “al mismo tiempo santa y pecadora” nuestra necesidad de conversión y purificación. Y por eso gritamos con nuestra vida y nuestro agradecimiento a quien nos ha amado primero: “¡Venga tu Reino!” Gracias Dios mío por seguir confiando en nosotros para colaborar contigo en la alegría de anunciarte y extender tu Reino.

Acerca de Autores varios

En esta sección publicamos textos selectos de otros autores que desean compartir sus reflexiones sobre temas relacionados con el carisma y la misión del Regnum Christi en la Iglesia. Las sugerencias se pueden enviar a (regnum@regnumchristi.org), junto con una breve presentación del autor”.
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