Te necesito a ti, Sagrado Corazón

Acabamos de rezar las primeras vísperas del Sagrado Corazón en Roma y así entramos de lleno a esta fiesta tan entrañable que nos recuerda el amor que Dios nos tiene y nos abre a compadecer con Él, a ver y tratar de aliviar el dolor de nuestros hermanos. Al contemplar el Corazón traspasado —y la Eucaristía es un puesto privilegiado para hacerlo— podemos tomar mayor conciencia de nuestra pobreza y del don sublime del sacerdocio.

Mendigando la luz del día, podemos acercarnos al Corazón de Cristo y tomarlo en nuestras manos, como se toma una lámpara para ver en la noche… y Él se convierte en la aurora que disuelve nuestras tinieblas.

¡Cuántas veces nos encontramos fríos, mendigando el calor del fuego, como Pedro! Y el Corazón de Cristo se pone en nuestros manos como se toma una llama para la noche helada de invierno. Y Él se convierte en el incendio que abrasa al mundo entero y que cuánto quisiera Él que ya estuviera ardiendo.


Igual que Jesús, a veces yo también siento sed. Desgraciadamente no siempre de almas, sino a veces de una vida más auténtica, de un amor más sincero, de una caridad más desinteresada. El Corazón de Cristo me invita a que lo tome en mis manos como el agua cristalina de un manantial, capaz de sanar las llagas de la tierra más abrasada por el sol. Y Él se convierte en un torrente que no solo nos sacia, sino que arrastra consigo amarguras y rencores, ironías hirientes e incapacidades de dejar el pasado atrás confiándolo a su misericordia.

Te necesito a ti, Jesús, y en a Eucaristía pones tu Corazón en mis manos. Quiero tomarlo con el temblor del primer día, como se toma el tesoro escondido y la perla de gran valor. Pero si te dejo entrar, tú serás el Tesoro que no se acaba, que no quiero perder nunca.

¡Señor! —clamamos todos tus hermanos, mendigos, Sagrado Corazón— necesitamos, anhelamos a Dios. Y quiero tomar tu Corazón en mis manos. Pero tú tomas la mía en este día y me conviertes en enviado tuyo, en imagen tuya, a todos los mendigos de la Tierra.

¡Gracias, Sagrado Corazón, por el don del sacerdocio! Ten misericordia de todos tus sacerdotes y danos un corazón cada vez más semejante al tuyo. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

(Inspirado en un himno del breviario francés para la fiesta del Corpus Christi)

Benjamín Clariond Domene LC

Acerca de Benjamín Clariond Domene LC

El P. Benjamín Clariond LC nació en Monterrey, México en 1973. Es licenciado en filosofía y licenciado en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. Ingresó a la Legión de Cristo en 1991. Hizo la profesión perpetua en 1999. Fue ordenado sacerdote en 2004. Actualmente es el director de la Oficina internacional de comunicación del Regnum Christi y de la Legión de Cristo. Reside en Roma, Italia.
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