Un deseo hecho carne

Por Juan Carlos Arias L.C.

Todos los jueves en la Legión de Cristo tenemos una hora santa ante la Eucaristía para reparar al Corazón de Jesús e interceder por todos los hombres, para pedir por las intenciones de nuestras familias y amigos. El jueves pasado me tocó a mí dirigir una reflexión a mis compañeros que estudian conmigo en Roma sobre el evangelio de San Lucas. Quiero compartirla con ustedes y pedirles una oración especial para que el Señor nos mande muchas y santas vocaciones.

Lc 22, 14-20
Llegada la hora, Jesus se sentó a la mesa con sus discípulos. Y les dijo: ¡cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir; porque os digo que nunca más volveré a comerla hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado una copa, después de haber dado gracias, dijo: Tomad esto y repartidlo entre ustedes; 18 porque os digo que de ahora en adelante no beberé del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios. Y habiendo tomado pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo que por ustedes es dado; haced esto en memoria de mí. De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes
.

Hermanos,

Voy a releer las primeras líneas del pasaje que acabamos de escuchar, cambiando algunas palabras. “Llegada la hora eucarística, Jesus se sentó en el altar con sus legionarios. Y les dijo: “¡cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de dormir¡”.

Dios desea estar aquí con nosotros, ha esperado este momento mucho más que nosotros. Cristo nos desea y sus deseos van en serio. Estamos en la famosa hora de Cristo que tanto aparece en el evangelio de Juan, y lo que Él más quiere es estar con sus apóstoles, con sus primeros sacerdotes.

Dios quiere que seamos sus sacerdotes. Dios desea tenernos como amigos íntimos. Nos los dice muy claramente en este evangelio. Basta ver todas las veces que dice “ustedes” a lo largo del pasaje: celebrarla con ustedes, repártanlo entre ustedes, se entrega por ustedes, se derrama por ustedes. Dios nos quiere muy cerca de sí.

Dios quiere conquistarnos, enamorarnos, quiere robarnos el corazón. Hay algo que tenemos seguros en este verano, algo que nunca nos abandonará en los próximos meses en Roma: el calor… Cada vez que sintamos ese calor, acordémonos del fuego que hay en el Corazón de Cristo por nosotros, ese fuego que es su deseo.

En la teoría todo esto está muy bien. Pero, ¿cuántas veces hemos entrado en esta capilla y no escuchamos nada más que el silencio…? Nosotros que venimos con la alegría de encontrarnos con Cristo, de hablar con Él; pero nada…, silencio. Y le podríamos decimos a Cristo: “Ese deseo que tú tenías de ser mi amigo no parece ser tan real…”.

El silencio puede matar. Me acuerdo una vez que hice una travesura en mi casa, no me acuerdo muy bien qué hice, pero tuvo que haber sido algo muy serio porque normalmente mi mamá nos gritaba o nos castigaba… Sin embargo, esa vez mi mamá me dejó de hablar. ¡No me hablaba para nada! Le preguntaba cosas: silencio. Le pedía permisos y, nada, silencio… Al principio hice como si nada hubiera pasado y “asumía” los permisos, como diríamos ahora… Pero después de 2 días yo estaba muy inquieto, no aguantaba más estar lejos de mi mamá. Entonces bajé la cabeza y pedí perdón. Pero su silencio fue difícil, como es difícil el silencio de Dios. Un silencio que puede incluso matar la fe más grande.

Pero detrás de ese silencio de Dios hay un deseo; más bien, una persona. Cristo nos desea tanto que pone en riesgo nuestro amor a través de su silencio. Sólo en ese silencio encontramos el verdadero deseo de Dios por nosotros. La táctica del silencio es peligrosa, porque se puede reaccionar de diferentes maneras: rechazar al que no habla, esperar indiferentemente sus palabras o bien desear sus palabras y esperarlas ansiosamente, como desea el agua quien está muriendo de sed.

En el silencio de mi mamá había un deseo. A ella también le costaba ese silencio. Pero me quería hacer ver que lo que hice estaba mal. Lo peor de todo es que no me acuerdo que fue lo que hice mal. Pero sé que en ese silencio había un deseo de encuentro… Lo mismo podemos decir con el silencio de Dios: detrás de ese silencio hay un gran deseo de su parte de encontrarse con nosotros. Creo que está mal pensar que Dios guarda silencio para castigarnos o por nuestras faltas. ¡Hay que descubrir qué nos quiere enseñar en el silencio!

El deseo por algo o por alguien nos mueve a hacer cosas para conseguirlo y a veces a hacer cosas algo locas. Por ejemplo: alguien desea con tanta intensidad ver a Colombia en el mundial, que se mueve a mandar un mail a toda la comunidad, cosa que generalmente nunca hace…, para motivarles a unirse a esta petición. Una persona que realmente desea algo pasa de las palabras a los actos, pasa del sentimiento al amor. Cristo no se queda en palabras y deseos, sino que pasa a una entrega plena e insospechada: la Eucaristía. “Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes”. ¡Su deseo se hace Carne! ¡Literalmente nos deja su carne!

El amor es lo que mueve a Cristo a hacer semejante locura. No se ama sólo de palabras. Se necesita algo más: se necesita carne. Cristo nos ama y nos lo dice en su Eucaristía. Su amor se demuestra en su sacrificio, en derramar su sangre. Entregar algo que valoras por alguien a quien valoras mucho más, eso es amor. Más grande la ofrenda más grande el sacrificio, más amor… El amor de Cristo no son palabras, son hechos ¡es Carne!

Celebramos a Jesús, sumo y eterno sacerdote. Creo que al llamarnos a ser sus sacerdotes, Cristo nos invita a ser su carne. Cristo, no solo muestra su deseo por el hombre a través de la carne eucarística, sino que también lo hace a través de la carne sacerdotal, a través de nosotros. Cristo quiere encarnar su deseo por las almas en nosotros. Ese deseo que lo llevó a pronunciar las palabras de consagración, ese deseo que lo llevó a la cruz, ese deseo se tiene que hacer carne en nosotros.

¿Cómo habrá dicho Jesus las palabras de consagración? ¿Cómo estaba su Corazón? En cada misa el sacerdote hace presente la carne de Cristo. También podemos imaginar que al mismo tiempo que el sacerdote dice: “esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”, Cristo está diciendo: “este es mi sacerdote que se entrega por vosotros”. Somos de Él, somos suyos, somos su carne en este mundo.

Para ir entrando en oración, les invito a agradecer mucho a Jesús, a agradecer el gran deseo que hay en el corazón de Cristo por nosotros, a agradecer su presencia aquí… Y a pedir que en el silencio nos dé ese fuego por la salvación de las almas, a pedirle que su deseo por las almas se encarne en nosotros, que seamos carne de su carne.

Acerca de Autores varios

En esta sección publicamos textos selectos de otros autores que desean compartir sus reflexiones sobre temas relacionados con el carisma y la misión del Regnum Christi en la Iglesia. Las sugerencias se pueden enviar a (regnum@regnumchristi.org), junto con una breve presentación del autor”.
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8 respuestas a Un deseo hecho carne

  1. Ana Pilar Fabre Ramirez dijo:

    ¡VTR! Muchas gracias hermano, por tan bella y profunda reflexión. Muchas veces olvidamos que a quien tenemos delante nuestro es precisamente a Él, que siempre
    está esperando a que le hagamos una visita, recemos junto a él ya sea el rosario o
    una de las oraciones del Breviario; otras veces está esperando a que entremos para
    hacerle compañía. Si pensásemos un poco más estos detalles, cada vez que pasamos por delante de una Iglesia por ejemplo, haríamos la señal de la Cruz y con
    ello decir mentalmente “Señor Mio y Dios Mío, porque quien está tras esa puerta cerrada es precisamente Él, solo y tantas veces olvidado por otros transeúntes.
    Los sacerdotes tienen la gran bendición de que cuando la Consagración, la hostia es
    el Cuerpo y Sangre de Cristo.
    Nosotros cuando comulgamos debemos pensar en lo mismo, por eso, con una gran delicadeza debemos paladear la “sagrada forma” hasta que se disuelva mientras le decimos todos esas bellas frases que se le dicen al ser amado.
    Para esta humilde servidora, uno de los mayores placeres que puedo percibir al ir a
    comulgar es cuando el sacerdote trocea la Hostia Consagrada y algunas veces me
    da uno de esos trozos. Es el mejor regalo pues siento que verdaderamente es un
    gran e inmerecido privilegio compartir con el sacerdote la misma forma.

  2. antonio dijo:

    que bonita reflexiion!! llena de esperanza, para los qwue estamos viviendo momentos duros con nuestra fe!! saber que Cristo hecho carne, nos quiere hablar en su silencio!! agradesco enormemnte a Dios el poder haber , por medio de facebook, llegaod este mensaje a mi!! por que me ha dado fuerzas para seguri luchando y un animo nuevo de buscar ese calor y amor de Dios en sus silencio!!! saludos, y animo!!

  3. Ana Moreira dijo:

    Gracias por esta fina reflexión. En este lenguaje sencillo, se entiende el llamado a gritos de Cristo, a rezar por los sacerdotes. También por ustedes, los hermanos, quienes un día, con la ayuda de Dios mismo -serán sacerdotes.
    Que Dios los bendiga!

  4. Fr. Josue Maria Hernandez, L.C. dijo:

    Gracias por compartir su oracion y experiencia de Cristo H. Juan Carlos!!!!!! . Hoy mas que nunca necesitamos hablar de Aquel que nos conquistó y nos trajo a su legión.

    Gracias de verdad, me ayudó a rezar!!! esperamos que nos siga compartiendo mas de sus oraciones, para que asi varias personas se puedan nutrir de ellas. Tambien agradezco a los que han compartido sus comentarios

    En Cristo. Fr. Josué, L.C.

  5. Norma de Caligaris dijo:

    Felicidades al H. Juan Carlos Arias L.C. Por la meditación, muy real que ya me la tomé en serio como miembro del R.C.

  6. Ana Moreira dijo:

    Gracias por compartirlo. Para mi ha sido una sacudida para apreciar mas Corpus Christi, y rezar por las vocaciones. También, ha traído una especial sonrisa, al recordar los tiempos de Club Eagles San Salvador (EcyD), en donde miraba al joven hermano Juan Carlos. A ser santos!

  7. Ana María Tiscareño dijo:

    Gracias lo disfrute muchísimo. Gracias Gracias

  8. Mauricio Rosales Masias dijo:

    …Tantum ergo sacramentum veneremur cernui que hermosa oración de santo Tomas de Aquino. Quizás se preguntaran por que una oración tan antigua, por que siento que en la génesis encontramos las bases del encuentro con Cristo ” Veneremos pues inclinados tan grande sacramento ” . Siempre es edificante encontrar las raíces de lo que nos motiva para nuestras vidas, aquel sentido de Dios, especialmente el sentido de la Eucaristía en nuestra existencia.

    …. Ahí frente al Sagrario: que debo decir, que debo sentir, que tengo que pedir… y tantas mas incógnitas que se nos presentan ante un Dios invisible a los ojos humanos. Pero no te preocupes Dios ya sabe todo lo que necesitas, todo lo que sufres…. tanto y mas de todo lo que le escondes, tus errores y tus éxitos, tus penas y alegrías, tus temores, tus miserias y virtudes… del barro de que estas hecho, en definitiva Dios conoce todo lo que eres en cuerpo y alma. Solo tienes que acompañarlo, dejarte querer por El, dejar que su presencia llene tus vacíos, que su misericordia enmiendo tus errores, que su voluntad cambie tus problemas…. y sí, es real , Dios es un Dios de milagros.

    …Muchos se preguntaran como lograremos aquella sinfonía con Dios en la Eucaristía, te diré que es muy fácil deja que Dios se conmueva de tu alma y corazón… no mires con tus ojos físicos o con lo cognitivo de tus pensamientos, cierra tus ojos, mira con los ojos de tu alma, con el sentir de tus dolores, de lo lacerante de los problemas que te superan humanamente, de la vergüenza de nuestros pecados. es ahí que Dios se conmueve fijando su mirada en ti, dándote ganas de pedirle perdón, de acercarse al sacramento de la confesión, de gritarle Señor te amo, ahí comienzas a sintonizar con Dios, con un alma limpia y perdonada con la Gracia de Dios en la confesión, este es el primer paso de un largo camino al universo del amor.

    … Ya estando en paz con Dios y con la humanidad, tienes la capacidad de experimentar a Dios en la Eucaristía. Vuelve a cerrar tus ojos y deja sentir en tu interior el temor a tus propias debilidades, las ganas en tu corazón de ser un hombre y/o una mujer de bien, de expresar en tu sentir tus dolores personales…. ahí comenzaras a recibir la gracia de Dios para tu vida y si Dios lo considera necesario muchas bendiciones y milagros.

    ….Como te darás cuenta necesitaremos naufragar en muchas visitas al Santísimo con la misma metodología y veras que en tu corazón sucederán cambios, tu voluntad sera reforzada, tus sonrisas saldrán de tu alma, tu presencia tendrá perfiles de Jesús… y lo mas hermoso tu vida aun con vendavales se llenara de esperanzas y con sentidos de Dios. Dios podrá construir en tu vida la capacidad de comprender el Amor.

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