Comiendo con Benedixto XVI “por accidente”

Fuente: LC Roma
Por Bernardo Siller, LC

El día 15 de septiembre comenzó para mí como cualquier otro día. Bueno, casi. Era una gran solemnidad para toda la Congregación. Celebramos a la Virgen de los Dolores, nuestra patrona, y, yo en particular, el sexto aniversario de mi ingreso al noviciado de la Legión de Cristo.

En esos días se realizaba en nuestra casa el Congreso de Obispos de reciente nombramiento.

Eran las diez de la mañana cuando me llama uno de los encargados de organizar las salidas y me dice que se necesita un hermano para llevar a un obispo alemán al Vaticano y estar allí a la una y media.

A las 12:45 estaba saliendo con Mons. Stefan Oster, obispo de Passau, diócesis del pueblo natal del Papa Benedicto XVI. Tuvimos una conversación amenísima en la cual se decidió que yo le iba a dejar en el monasterio del Papa Benedicto, él me iba a llamar cuando hubiese terminado y felices y contentos regresaríamos a nuestra casa.

Entramos por la puerta de Santa Marta. «Mons. Stefan Oster. Tengo una cita con el Papa Benedicto» le dijo al gendarme de la entrada. «Ah, sí» contestó el guardia, «vayan a la rotonda, tomen la segunda salida y sigan hasta encontrar el monasterio Mater Ecclesiae». Llegamos. Nos estacionamos cerca de la ahora casa de retiro, pero había un pequeño detalle: era la 1:10 y faltaban veinte minutos para la cita. «Bueno, si gusta le acompaño, Su Excelencia, un rato por los jardines vaticanos», me ofrecí. Él nunca había estado allí. Disfrutamos de los jardines, la magnífica vista de la cúpula de San Pedro, hicimos una visita en la gruta de Lourdes y nos encaminamos ahora sí hacia el monasterio.

Ding-dong.

«Mons. Stefan Oster. Vengo a ver al Santo Padre».

«Pase, por favor», dijo la voz de la bocinita.

Nos abre la puerta una consagrada Memores Domini del Movimiento “Comunione e Liberazione”.

«Éste es el hermano chofer que me ha traído. ¿Dónde se puede quedar mientras espera?».

«Lo que pasa es que no suele haber acompañante», dijo la hermana. «Si quieren, tomen asiento y ahora llega Mons. Gänswein», el Prefecto de la Casa Pontificia.

No se diga más. Entramos en la sala. Tan bien decorada estaba que cautivó nuestra atención. Se ve que el Papa Emérito tiene muy buen gusto.

Continuamos la conversación y de pronto irrumpe Mons. Gänswein: «Grüss Sie Gott». “Saludos… qué alegría verlos por acá… «¿Usted es el hermano chofer, legionario?». Efectivamente. Y seguimos hablando.

De pronto se le prende el foco al Prefecto de la Casa Pontificia y dice: «Un momento, por favor. Ahora vuelvo». Se me prendió a mí el foco de la esperanza: ¿irá a preguntar si hay comida para uno más? ¿Metieron tres cervezas al refrigerador o cuatro? Se abre de nuevo la puerta y me pregunta a rajatabla: «¿Quiere quedarse a comer?» Shock existencial… «Pero no sé qué desee Mons. Oster, él es el invitado». «No hay ningún problema», dijo él. La sangre se me fue a los pies.
“Tranquilo, aparenta que todo está bajo control”.

Toda la comida transcurrió más o menos a este ritmo: “me siento como en una película”. Tuvimos una conversación amenísima, es decir, tuvieron. Bueno, no me puedo quejar, alcancé a hacerle una pregunta al Papa Benedicto y él me hizo una. Brindamos dos veces, choqué la copa con él y me tomé una foto con él…

No, no me quejo. Definitivamente el Papa ahora vive con tanta paz que nos la contagió a todos y no tuve tiempo ni para ponerme nervioso. Fue como sentarse al lado de uno de los santos preservadores de la fe de nuestro tiempo y ver cómo poco a poco se va entregando a Dios Nuestro Señor hasta verlo cara a cara.

¡Que Dios bendiga mucho a Benedicto XVI!

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Una respuesta a Comiendo con Benedixto XVI “por accidente”

  1. H John VanDorpe, LC dijo:

    WOW!!! Felicidades H Bernardo!
    Qué gracia tuvo y me sucita grandes celos sanos.
    Que Dios les bendiga a todos ustedes en Roma y saludos desde Guadalajara.

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