Cristo está en el vértice de las aspiraciones humanas: el Beato Pablo VI y la Legión de Cristo

Esta mañana, durante la misa de clausura del III Sínodo Extraordinario y Jornada Mundial de las Misiones, el Papa Francisco inscribió en el libro de los beatos al Papa Pablo VI. Desde que trabajó como sustituto de la Secretaría de Estado tuvo conocimiento de nuestra congregación y manifestó su apoyo y cariño a la misma, y al naciente Movimiento Regnum Christi, hasta su muerte acaecida tras una breve enfermedad en Castelgandolfo el 6 de agosto de 1978.

El primer contacto entre el Beato Pablo VI y nuestra Congregación se remonta a 1945, cuando Mons. Giovanni Battista Montini era sustituto de la Secretaría de Estado y firmó la bendición papal que Pío XII envió al primer núcleo de apostólicos y futuros legionarios que iniciaban su formación en la Ciudad de México. La bendición reza:

«El Santo Padre, con ocasión del Cuarto Aniversario de la Escuela Apostólica del Sagrado Corazón, augurándole un fecundo incremento, de todo corazón le imparte la implorada bendición apostólica. Montini, sustituto. Ciudad del Vaticano, 30 de marzo de 1945». Estas líneas aparecieron también en la revista «Regnabit», le primera revista de un centro en nuestra historia.

A inicios de los años 50, fue nuevamente Mons. Montini quien presentó a la Sra. Flora Barragán de Garza a los Legionarios de Cristo. De ese encuentro surgió después el Instituto Cumbres de la Ciudad de México, primera obra de apostolado de la Legión.

En 1954, el Papa Pío XII nombró a Mons. Montini arzobispo de Milán y en 1958 fue creado cardenal por el Papa san Juan XXIII. Participó activamente, y como figura relevante, en el Concilio Vaticano II, inaugurado por el Papa Roncalli el 11 de octubre de 1962. Después de la muerte del Papa bueno, en 1963, los cardenales reunidos en el cónclave eligieron a Mons. Montini como sucesor de Pedro y se impuso el nombre de Pablo VI. A él le correspondió llevar a buen término la obra del Concilio Vaticano II.

El nuevo Pontífice quiso conceder a la Legión de Cristo el Decretum Laudis el 6 de febrero de 1965. El Card. Hildebrando Antoniutti, entonces Prefecto de la Sagrada Congregación de los Religiosos, en el discurso que sostuvo con ocasión de la entrega del importante documento, definió la concesión del Decretum Laudis como «una prueba de afecto» del Santo Padre a la Legión de Cristo. Desde aquella fecha, la Congregación es un instituto religioso clerical de derecho pontificio.

Pablo VI fue el primer vicario de Cristo en visitar una casa legionaria. El 17 de diciembre de 1967, el Santo Padre visitó el Colegio de Via Aurelia 677 para rezar en la capilla y rendir homenaje a los restos mortales del Card. Antonio Riberi, quien solía hospedarse en nuestra casa y había fallecido en ella. Toda la comunidad acompañó al nuevo beato en su oración por el eterno descanso del cardenal.

Otro acontecimiento particular ocurrió el 24 de septiembre de 1969, cuando dos jóvenes del Instituto Irlandés de la Ciudad de México, junto con el P. John Walsh, L.C., tuvieron la gracia de saludar personalmente el Papa Pablo VI en nombre del grupo que representaban. Uno de ellos se llamaba Álvaro Corcuera, futuro sacerdote legionario y Director General de la Congregación y del Regnum Christi. Cuando el Santo Padre nombró en su alocución los alumnos del Irlandés, éstos no pudieron contener su alegría y la expresaron ruidosamente.

En el turbulento tiempo postconciliar, la Santa Sede miraba con siempre creciente atención a la situación de la Iglesia en América Latina y la Legión de Cristo recibió el encargo de atender las poblaciones del Estado de Quintana Roo en la República Mexicana. El 16 de julio de 1970, el Papa Pablo VI designó al P. Jorge Bernal como Administrador Apostólico ad nutum Sanctae Sedis de la recién creada prelatura de Chetumal. Tres años más tarde, el 7 de diciembre de 1973, el Santo Padre nombró P. Bernal obispo titular de Velefi y Prelado de Chetumal. Desde entonces, los Legionarios de Cristo han podido desarrollar su labor evangelizadora y misionera, junto con otros sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos, en esta región mexicana que Pablo VI le confió.

Mientras tanto, la Legión de Cristo iba creciendo y nació la tradición de que en el primer miércoles después de la ordenación sacerdotal, los neosacerdotes legionarios fuesen en Plaza San Pedro para asistir a la Audiencia Pública del Pontífice. El 2 de enero de 1974, Papa Pablo VI saludó con unas cariñosas palabras los neosacerdotes de aquel año:

«También tenemos a otro grupo que saludamos con gran alegría. Su número es muy diverso, pero, en cuanto a la calidad, diría que compite con el que acabamos de saludar. Nuestra palabra paterna de saludo y de estima se dirige ahora a un grupo de nuevos sacerdotes del colegio romano -estad atentos- de los Legionarios de Cristo. ¿Qué quiere decir “Legionarios de Cristo”? Legionarios de Cristo quiere decir pertenecientes a una familia espiritual y religiosa que no tiene muchos años de vida y que ha sido fundada también con nuestro conocimiento. Recordamos los primeros pasos; pero, ¿de dónde viene? ¡De México! Por eso merecen verdaderamente el aplauso y el saludo de todos. En verdad, un terreno sumamente fecundo de vida espiritual, de vida religiosa, que tiene la capacidad que no tienen todos los pueblos de América Latina, no sólo de vivir fuertemente la propia fe, sino de irradiarla también a su alrededor; son misioneros, son expansivos, son romanos, y en qué número, y con qué fervor, y por eso debemos saludarlos con particular consideración; también porque nos presentan algunos neo-sacerdotes, neo-sacerdotes que han sido ordenados hace algunos días, en la víspera de Navidad, ¿verdad? Y por lo tanto os saludamos como hijos y como hermanos. Tendríamos muchas cosas que deciros como jóvenes, como mexicanos, como neo-sacerdotes. Durante años os habéis preparado con la oración, con el estudio, con la meditación para el momento solemne de vuestra donación definitiva a Dios y a la Iglesia, eligiendo como único y gran fin de vuestra juventud y de toda vuestra vida a Jesús; pero eligiéndolo bajo este aspecto: militante. Sois legionarios, es decir, no gente inerte o que está sólo mirando cómo van las cosas, sino que quiere imprimir en las cosas una fuerza y dar al cristianismo una expresión que le es propia: la militancia; Legionarios, es decir, combativos en nombre de Jesús. Dios os bendiga y Dios conserve siempre en vosotros este rasgo característico. Se requiere –ciertamente la palabra es soberbia, pero está bien referida a Cristo– ser conquistadores, legionarios para combatir y defender, legionarios para conquistar y llamar a otros hermanos a la misma fe y a la misma comunión en el Señor. Conservad siempre el gozo, la generosidad, el entusiasmo de la primera misa. Cuando celebré mi primera misa –todavía lo recuerdo– un sacerdote celoso y santo me dijo esto: «Te recomiendo una sola cosa: que cada misa sea la primera misa» ¡Qué bello! Es siempre una grande novedad que nunca lograremos agotar en nuestra meditación. Y por esto os bendecimos a cada uno en particular y también en la comunidad en la cual estáis; a vuestras familias, a vuestros seres queridos, los lugares de vuestra patria tan grande, tan bella, tan joven, tan fecunda; y después a vuestra familia espiritual a la cual le debemos ya tanta gratitud y estima, con nuestra bendición apostólica».

La sólida espiritualidad cristocéntrica de Pablo VI también ha dejado una profunda huella en la espiritualidad del Regnum Christi. En el rito de incorporación al primer grado se ha incluido un texto de su alocución del 3 de febrero de 1965:

«Cristo está en el vértice de las aspiraciones humanas, es el término de nuestras esperanzas y de nuestras plegarias. Aquél que da sentido a los acontecimientos humanos. Aquél que da valor a las acciones humanas. Aquél que constituye la alegría y la plenitud de todos los corazones: el verdadero Hombre. Y al mismo tiempo, Jesús es el manantial de nuestra verdadera felicidad: es el principio de nuestra vida espiritual y moral; dice lo que se debe hacer y da la fuerza, la gracia para hacerlo. Cristo es todo para nosotros. Y es deber de nuestra fe religiosa, necesidad de nuestra humana conciencia, reconocer, confesar y celebrar esto. A Él está ligado nuestro destino, nuestra salvación».

Nos unimos a toda la Iglesia para agradecer a Dios por el don del Beato Pablo VI y le pedimos a él que interceda por el Movimiento Regnum Christi y nos alcance la gracia de un nuevo Pentecostés. Así respondía Pablo VI el 29 de noviembre de 1972 a la pregunta sobre la necesidad más apremiante de la Iglesia:

«La Iglesia tiene necesidad de su perenne Pentecostés. Necesita fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada. La Iglesia necesita ser templo del Espíritu Santo, necesita pureza total, vida interior. La Iglesia tiene necesidad de volver a sentir subir desde lo profundo de su intimidad personal, como si fuera un llanto, una poesía, una oración, un himno, la voz orante del Espíritu Santo, que nos sustituye y ora en nosotros y por nosotros “con gemidos inefables” y que interpreta el discurso que nosotros solos no sabemos dirigir a Dios. La Iglesia necesita recuperar la sed, el gusto, la certeza de su verdad, y escuchar con silencio inviolable y dócil disponibilidad la voz, el coloquio elocuente en la absorción contemplativa del Espíritu, el cual nos enseña “toda verdad”.

A continuación, necesita también la Iglesia sentir que vuelve a fluir, por todas sus facultades humanas, la onda del amor que se llama caridad y que es difundida en nuestros propios corazones “por el espíritu Santo que nos ha sido dado”. La Iglesia, toda ella penetrada de fe, necesita experimentar la urgencia, el ardor, el celo de esta caridad; tiene necesidad de testimonio, de apostolado. ¿Lo han escuchado, hombres vivos, jóvenes, almas consagradas, hermanos en el sacerdocio? De eso tiene necesidad la Iglesia. Tienen necesidad del Espíritu Santo en nosotros, en cada uno de nosotros y en todos nosotros a la vez, en nosotros como Iglesia. Sí, es del Espíritu Santo de lo que, sobre todo hoy, tiene necesidad la Iglesia. Decidle, por tanto, siempre: “¡VEN!”».

Agradezco al Archivo Histórico General del Regnum Christi por su colaboración para preparar este servicio.

Benjamín Clariond Domene LC

Acerca de Benjamín Clariond Domene LC

El P. Benjamín Clariond LC nació en Monterrey, México en 1973. Es licenciado en filosofía y licenciado en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. Ingresó a la Legión de Cristo en 1991. Hizo la profesión perpetua en 1999. Fue ordenado sacerdote en 2004. Actualmente es el director de la Oficina internacional de comunicación del Regnum Christi y de la Legión de Cristo. Reside en Roma, Italia.
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