Tú eres Rey, tú serás Rey

Breve exhortación el día de Cristo Rey a los legionarios en formación en la capilla de la Sede de la Dirección General el 23 de noviembre de 2014.

Realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor. (Ef 5, 15-16)

Esta lectura de la Carta a los Efesios que forma parte de la lectura breve de las laudes de este día nos puede ayudar a encuadrar el misterio que celebramos en la fiesta de Cristo Rey. Lo primero es saber que Jesucristo ya es rey. Hay un libro famoso del Beato Anacleto González Flores titulado Tú serás rey. Habla del compromiso de los cristianos en general, y de los jóvenes en particular, para que Cristo —vencedor de muchas batallas— reine en todo el mundo. Nosotros sabemos que él ya es rey y también queremos dedicar nuestra vida a que él reine cada día más.

De alguna manera podemos comparar el reinado de Cristo con unos hechos de la segunda guerra mundial. El «día D» los aliados desembarcaron en Normandía. A partir de ese día, ya estaba ganada la guerra. Ahora era sólo cuestión de tiempo para llegar a saborearla y que se mostrara en plenitud en el «día V», el día de la victoria. Desde el «día D» ya estaba la victoria, pero todavía había que trabajar para llegar al final.

Con la encarnación Jesucristo ha vencido, pero ahora nos encomienda a nosotros que vayamos armando la resistencia en un país en el que el enemigo todavía parece dominar. Él vendrá al final de los tiempos y quiere que entonces nos levantemos todos, nos pongamos en pie, para proclamar que él es rey, que él es el Señor. La victoria ya está, pero constatamos en nuestro interior y en la sociedad que todavía hay mucho por hacer. Todavía hay que abrirnos a la gracia. Todavía hay que colaborar generosamente con el Espíritu Santo para que esa victoria sea visible, sea patente. Ya es nuestra la victoria de Cristo y la poseemos como primicia. Pero nos corresponde hoy insertarnos en ese proceso por el que Cristo reina de manera cada vez más visible y efectiva en nuestro corazón, en nuestra sociedad, como dicen nuestras Constituciones: que Cristo reine ahí.

Por eso hacemos apostolado, por eso nos formamos, por eso aceptamos el carisma que Dios ha querido regalarnos en el Movimiento y en la Legión. Jesucristo nos invita a confiar en su victoria, en que él ya es rey. Pero no sólo eso… A través de nuestro carisma nos invita a llamar a otros a que se sumen a su Reino, que puedan experimentarlo a Él, y que podamos capacitarlos y acompañarlos para que se sientan listos para ser enviados y conquistar a otros para la causa del Evangelio.

El carisma define nuestra misión como legionarios de Cristo. Y si es impensable un hermano de La Salle que no quiera dar clases, o una misionera de la caridad, de la Madre Teresa de Calcuta, que no quiera servir a los más pobres de entre los pobres, es igualmente inconcebible un legionario que no sea capaz de ir a presentarle a los demás el amor de Cristo, el Reino de Cristo y ayudarlos a que se comprometan con Él para poner libremente sus talentos al servicio de Dios, del Reino.

Es inconcebible pensar en un legionario que no trate de despertar, con la ayuda de la gracia, el liderazgo de los laicos, de sus hermanos legionarios, para que se comprometan más, si cabe, en la edificación del Reino. Éste es el carisma que Dios ha querido regalarnos. Esto es lo que nos inspira, como dice el n. 11 de nuestras Constituciones: «La instauración del Reino de Cristo constituye el ideal que inspira y dirige a la Congregación. Y su lema ¡Venga tu Reino! Expresa este anhelo».

Por lo tanto, este deseo de instaurar el Reino de Cristo, de hacer que Cristo reine tiene que inspirar toda mi vida como legionario: cómo me comporto, porqué me levanto en la mañana, cómo estudio, para qué estudio, para qué hago apostolado, para qué hago oficios, para qué juego… Todo. Mis relaciones, mis acciones, todo tiene que estar permeado por la misión. Si no me formo para la misión, si no me despierto por la misión, si no lucho por la misión… estoy traicionando mi identidad, no estoy dejando que se desarrolle plenamente en mí el carisma que Dios ha querido regalarme para bien de la Iglesia y de los hombres.

Todo esto nos exige una actitud permanente de conversión. Ahora bien, esta conversión a la que Dios nos invita es para que Cristo reine más plenamente en nosotros, y por lo mismo, está orientada a la misión (cf. Mc 3,14). Una conversión que sólo mira al autoperfeccionamiento institucional o personal se estanca, se pudre, se muere, y genera la muerte. Lo mismo le ocurre al agua. El agua que no fluye —por eso era tan importante en tiempos del Evangelio el agua que fluye, el agua viva, porque da vida y fecunda todo a su alrededor— se estanca, conserva todo para sí, le ocurre como al Mar Muerto, donde nada puede florecer, donde no hay vida ni fecundidad. Nosotros estamos llamados a dar y repartir esa vida «en abundancia» que Jesús vino a traernos.

Mirad que el Reino de Cristo ya está en medio de vosotros. Y conviene preguntarnos hoy, día de Cristo Rey, ¿yo cómo me estoy preparando para la misión? Porque, hermanos, no nos hagamos ilusiones como el condenado a muerte que, aunque va de camino a la ejecución imagina que todavía falta mucho para que termine su vida. En un año, los filósofos, estarán en el apostolado. En dos años, a más tardar, los teólogos tendrán encomendada una porción del pueblo de Dios como pastores y sacerdotes legionarios de Cristo. ¿Qué tanto conoces el Regnum Christi? ¿Qué tanto conoces el ECYD? ¿Qué tanto te capacitas para despertar el liderazgo de las demás personas? ¿Qué tanto eres capaz de infundir tu pasión por la salvación de los hombres, por su bien integral, material y espiritual? Cristo es Rey y Cristo quiere reinar. Él lo puede hacer solo, pero ha querido que los hombres le ayudemos. No lo haremos sólo por las palabras, ni sólo por lo que hacemos y nuestras iniciativas apostólicas, sino de modo especial por nuestra oración y nuestro testimonio cristiano.

Dios está actuando en la historia, en nuestra historia. Yo creo que pensamos poco en que a través de nuestro testimonio, de nuestra vida ordinaria, el Espíritu Santo está llegando a otras personas. Pensamos poco que nuestro modo de ser es atractivo, aunque también a algunos les resulte insufrible o insoportable. Y sin embargo, Dios actúa, incluso con instrumentos tan limitados (cf. 1 Cor 1, 26-31).

Hoy es el día de Cristo Rey. Nos toca felicitarnos de que Cristo ya ha triunfado, alegrarnos con él que reina desde la cruz, y agradecerle de que quiera invitarnos a colaborar con él. La victoria ya es suya, pero todavía no llegamos al momento en que esta victoria definitiva sea visible. Necesitamos conocer bien nuestro carisma, saber cómo vivirlo, saber cómo expresarlo, saber cómo proponerlo, saber cómo contagiarlo. Que de verdad podamos “Tú reinarás, Señor, éste es el grito que ardiente exhala nuestra fe. Tú reinarás, oh Rey bendito, pues tú dijiste reinaré”. Y desde mi debilidad, contando con toda mi miseria, yo la quiero poner hoy a tus pies, Jesús, para decirte: tú eres rey, tú serás rey.

Benjamín Clariond Domene LC

Acerca de Benjamín Clariond Domene LC

El P. Benjamín Clariond LC nació en Monterrey, México en 1973. Es licenciado en filosofía y licenciado en teología por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. Ingresó a la Legión de Cristo en 1991. Hizo la profesión perpetua en 1999. Fue ordenado sacerdote en 2004. Actualmente es el director de la Oficina internacional de comunicación del Regnum Christi y de la Legión de Cristo. Reside en Roma, Italia.
Esta entrada fue publicada en En vivo y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*